El marisco de pata escala la Navidad

Los precios aún no han dado el gran estirón, pero los de los crustáceos y la almeja fina ya se mueven al alza

Precios razonables en la plaza de abastos Precios razonables en la plaza de abastos

vilagarcía / la voz

El calendario no admite discusión: ha llegado la hora de empezar a tomarse en serio las compras navideñas. Precisamente por eso, las bancadas del mercado de Vilagarcía aparecían ayer bien nutridas de mariscos de todo tipo, listos para que los más organizados se los llevasen a casa y empezasen a preparar, con tiempo y con la ayuda de un buen congelador, los menús para las reuniones familiares. ¿Pero vale la pena comprar ahora para comer después? ¿Se ahorra dinero? María Sabarís, que tiene puesto en la plaza de Vilagarcía, cree que, de momento, los precios de la mayoría de los productos aún no han despegado. Hace una salvedad, el camarón: «Hay poco, y el que hay, se paga». Benito Pérez, peixeiro también, considera sin embargo que especies como el bogavante, el centollo y la nécora ya «han subido bastante». «En el marisco de pata ya se empieza a notar el aumento de precios; la almeja, a excepción de la fina, sigue estable», señala este veterano de la plaza.

Benito da por hecho que los precios subirán. Espera que no demasiado. Porque si la escalada es muy pronunciada, el consumidor buscará otras alternativas. Y es que la Navidad ya no es lo que era, por lo menos en las plazas de abastos. Las cifras astronómicas que se llegaban a pagar por algunos productos desaparecieron durante la crisis, y no parece que vayan a volver. Por lo menos, Benito no confía en ello. Y tampoco Tito Fariña, el presidente de la asociación de depuradores, que considera que ahora, la auténtica Navidad es el verano.

Siete personas y una cena de lujo por 400 euros; un menú más apañado por la mitad de precio

Tan importante como saber cuándo comprar es saber qué comprar. En la plaza de Vilagarcía se podían encontrar productos para armar menús de auténtico lujo, y otros que, sin desmerecer para nada en calidad, salían bastante más apañados de precio. Veamos algunos ejemplos. Cifremos en siete personas los comensales. Y pongamos la calculadora en marcha.

Empecemos por los mariscos. Elegimos, en este ejercicio en el que no necesitamos contar los billetes, camarón de buen tamaño. Necesitamos una media de un cuarto de kilo por comensal, y como más vale que sobre a que falte, redondeamos la compra a dos kilos de este producto. Por cien euros, el resultado está claro. Añadiremos tres piezas de centollo, con lo que nuestra cuenta sube. Ya estamos en los 275 euros. No puede faltar un buen plato de pescado, en este caso apostamos por el besugo. Los números se estiran: nos sale la cena por unos cuatrocientos euros. Ahora, hagamos el ejercicio con cierta contención. Compraremos camarones, pero de talla menor; sustituiremos el centollo por buey y el besugo por lubina. Y la cuenta final se reduce a la mitad.

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