El bus urbano que quiere Vilagarcía

Ravella reclama a la Xunta la potenciación de Bamio y O Rial, mejores servicios a las parroquias, ampliación de horarios y paradas en el ambulatorio o la estación de tren


vilagarcía / la voz

Una cierta lógica administrativa tiende a hacer pensar al ciudadano que el transporte urbano debiera depender del Concello en cuestión en el que se desarrolle este servicio. Sin embargo, no es así. No, por lo menos, en el caso de Vilagarcía, cuyas diez líneas de autocar, que comunican entre sí los diferentes puntos del municipio, son competencia de la Xunta. Como tales, su concesión caducará el año que viene. El bus urbano de la capital arousana está inmerso, en definitiva, en ese plan de transporte público de viajeros que la Consellería de Infraestruturas e Mobilidade está definiendo y tendrá que entrar en vigor a finales del 2019. Ravella aguarda la apertura del período de alegaciones sobre la revisión de las 1.500 rutas y las 30.000 paradas que cruzan Galicia para plantear su visión de lo que debe ser el sistema y se resume en ampliación de horarios, mejores servicios a las parroquias, paradas en lugares estratégicos que en este momento no existen o la incorporación de Bamio y O Rial a un verdadero esquema eficiente de transporte. No obstante, en Santiago ya tienen una idea clara de lo que quiere Vilagarcía. Las concejalas de Urbanismo y Benestar Social, Paola María y Tania García, se la transmitieron en agosto.

De mañana y de noche

Uno de los caballos de batalla tiene que ver con los horarios. En su configuración actual, los primeros autocares del día zarpan a las ocho menos cuarto de la mañana, y los últimos servicios se establecen a las diez y media de la noche, con una frecuencia aproximada de media hora entre salidas que, en principio, a Ravella le parece suficiente. Sin embargo, el equipo del alcalde, el socialista Alberto Varela, quiere que esa franja horaria se agrande, de forma que los buses recorran las rutas antes y después de lo que lo hacen ahora. Esto sucede ya en verano, en la línea circular que comunica Carril, el centro de la ciudad y Vilaxoán, y funciona hasta la una de la madrugada durante los fines de semana y en las principales citas festivas. Claro que esta ampliación se lleva a cabo a costa de las arcas municipales, algo que el gobierno local considera injusto y debe ser incorporado a la concesión.

El hospital y los polígonos

Algo parecido sucede con la comunicación directa con el Hospital do Salnés, una línea que el Concello de Vilagarcía subvenciona pero, en opinión de Ravella, tendría que ser incluida en el esquema del transporte urbano. Existen otros enclaves de evidente interés que se encuentran infracomunicados. Es el caso, sin ir más lejos, de los polígonos en los que se concentra la actividad industrial de la capital arousana. Ravella piensa en servicios lanzadera que, coincidiendo con la entrada y la salida de los turnos de trabajo, den sus prestaciones a los parques de O Pousadoiro, Bamio y Trabanca-Badiña.

Una línea circular más amplia

Tampoco olvida el Concello las necesidades de los puntos más alejados del casco urbano. Para empezar, Ravella plantea la necesidad de que Bamio sea incorporada a la línea circular, la más empleada del municipio, que pone en contacto el centro con Carril y Vilaxoán. Algo semejante sucede con la urbanización de O Rial, cuyos servicios de autocar son francamente mejorables. O con la comunicación litoral de Vilaxoán, cuyas frecuencias son hoy escasas. Las parroquias precisan una revisión a fondo del funcionamiento de los autocares. Y también plazas como el complejo polideportivo de Fontecarmoa, al que solo se puede acceder en bus en horario de tarde, cuestión muy poco operativa para sus potenciales usuarios. O el colegio Vagalume, cuyos alumnos carecen de servicio escolar por tratarse únicamente del nivel infantil de la educación pública.

Las paradas que no existen

Más ejemplos. Parece inaudito que lugares que cada día concentran un importante movimiento de gente carezcan de una parada del bus urbano. Es el caso del ambulatorio de San Roque -o de la antigua Comandancia Naval, en el caso de que acabe prosperando la intención de Ravella de construir sobre ella un nuevo centro de salud- o de la propia estación de buses. Un tratamiento aparte merece, por último, la estación de ferrocarril, a la que los autocares urbanos tampoco llegan, por absurdo que parezca. Un servicio óptimo requeriría que se coordinasen con las llegadas y salidas de los trenes.

Un esquema óptimo incluiría servicios lanzadera a los tres polígonos empresariales

El complejo de Fontecarmoa necesita una comunicación realmente operativa

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