«Vilagarcía es un cementerio»

Manuel Mata publica «El buen salvaje», premio Gloria Fuertes de poesía joven


redacción / la voz

«Vivo en A Lomba y voy y vengo desde allí a donde haya que ir». ¿A dónde va Manuel Mata Piñeiro (Vilagarcía de Arousa, 1992)? Pues varias veces por semana acude a la facultad de Bellas Artes del campus de Pontevedra, donde es profesor e imparte clases de asignaturas como Arte y contemporaneidad o Procesos de investigación y creación. También se fue el año pasado a la facultad de Bellas de Artes de la Universidad de Oporto, donde pasó tres meses en una estancia de investigación. Y en febrero se irá desde A Lomba hasta Akureyri, una ciudad situada en Islandia. En pleno invierno, con tres horas diarias de sol, pasará un mes en una residencia artística y expondrá después sus creaciones en la galería Deiglan de esta ciudad del norte de Islandia.

Pero los viajes de Manuel Mata no son solo en el espacio. ¿A dónde va, en realidad, este profesor, artista y poeta vilagarciano? Para empezar, desde hace unas semanas, su poesía, o sea, él destilado y en esencia, va a los escaparates de las librerías de toda España, también de Vilagarcía. Fíjense en un libro de poemas de color amarillo con letras verdes en las que se puede leer el título: El buen salvaje; el autor: Manuel Mata Piñeiro; y la razón de la cuidada edición de Torremozas: este libro de poemas ha obtenido el premio Gloria Fuertes de poesía joven 2018.

«Empecé a escribir porque quería escribir, no porque se me viniera el mundo encima, y ahora escribo para que se me venga el mundo encima», resume Manuel Mata con este juego de palabras las razones que lo han llevado a la escritura: una suerte de búsqueda del conocimiento en medio del caos. No empezó a escribir, como se suele hacer en la adolescencia, por desamor, por desahogo, por desazón... No. Manuel pintaba y dibujaba mientras estudiaba el Bachillerato Artístico en el IES Miguel Ángel Estévez, pero poco a poco fue introduciendo la palabra en todo lo que hacía. «Y al final, solo quedó la palabra», resume.

Cree este poeta vilagarciano que a la facultad de Bellas Artes, el 90% de los alumnos acceden siendo pintores y acaban siendo otra cosa. «Yo, al segundo año, ya no pintaba. En la facultad de Pontevedra hay grandes profesores y tú acabas bebiendo de los que más te atraen. Hay alumnos que acaban pintando patos disecados como Dios y alumnos que salen haciendo arte sonoro. Yo salí escribiendo», confiesa.

Su Trabajo de Fin de Grado se centró en la poesía combinatoria experimental. ¿Poesía combinatoria? Manuel Mata nos acerca a ella de manera resumida: «Raymond Queneau tiene 12 sonetos e intercambia los versos de todos ellos hasta formar 100.000 millones de poemas. Yo me obsesioné con esa mecánica creativa y empecé a escribir libros de poesía combinatoria que podían crear un millón de poemas, después 17 millones, el siguiente, 500 millones... Queneau hizo uno de 177 billones de poemas, un libro de artista, pero también literatura pura y dura».

A Mata Piñeiro le interesa el lenguaje cuando deja de ser palabra escrita para tener plasticidad y exigir al lector que experimente con las manos y combine versos para crear un poema que nadie leerá nunca, solo él. Darle al lector un objeto que no pueda abarcar porque alguno de estos libros exigiría 2.173 años para leerlo. Pero no se asusten, el libro de poemas de Manuel Mata que llega estos días a las librerías arousanas se lee en unas horas y se lee bien, sin necesidad de experimentos.

«Este libro, El buen salvaje, es una edición al uso, me preocupo del lenguaje, no del formato. La cotidianidad sirve de eje a todo lo que escribo. Aborrezco el carácter ornamental de la poesía. Me gusta lo coloquial trasladado al lenguaje poético, la brevedad, la concisión», explica las claves de su poemario premiado.

Dicen que la poesía está pegando fuerte, pero Manuel matiza: «La poesía está pegando fuerte, pero a veces golpea en sitios equivocados. Hay poetas que tienen millones de seguidores en Instagram porque escriben historias bonitas con playas de fondo. Luego están revistas como Oculta Lit, donde se percibe más la grasa de la poesía, no lo baladí del tipo: ‘Estoy sola en mi habitación’ seguido del emoticono de un corazoncito».

Manuel Mata fundó, mientras estudiaba la carrera, la revista La luciérnaga en papel, de la que salieron once números. Con su profesor de Bellas Artes Xoán Anleo, artista multidisciplinar, ha sacado una edición de diez pendrives de arte sonoro: «La poesía de las mujeres de la beat generation». Su tesis doctoral versa sobre el realismo sucio: cómo trasladar sus fundamentos al resto de los campos del arte contemporáneo.

¿Qué piensa un joven creador tan intenso de la ciudad y la región en la que vive? Su respuesta es realismo crudo: «Vilagarcía es un cementerio, un desierto... Culturalmente, esto es desolador. En Pontevedra, hay cuatro o cinco librerías interesantes, aquí no hay ninguna. En A Coruña, acaban de cerrar el Museo de Arte Contemporáneo y el MARCO de Vigo se ha convertido en una especie de gran casa de cultura, está echado a perder. En arte contemporáneo, hay que irse fuera de Galicia para poder ver algo interesante».

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