Atrapados en el cruce de O Ramal

Desde el siglo XIX, calles y carreteras de Vilagarcía confluyen en este lugar


redacción / la voz

Manuel Piñeiro vive en San Xoán de Portas y fue mi compañero en los años 80 en el IES Fermín Bouza Brey de Vilagarcía. Piñeiro, que es descendiente directo del geógrafo Domingo Fontán y heredero de alguno de sus tesoros cartográficos, está jubilado, pero en los años 50 era un hombre muy activo que trabajaba en el taller provincial de Obras Públicas, donde llegó a reparar máquinas históricas como esa apisonadora de vapor que adorna el peaje de la autopista entre Vigo y Pontevedra.

Las máquinas que reparaba Piñeiro en los años 50 se utilizaban para asfaltar las carreteras del Plan del Conde Vallellano, un ministro de Obras Públicas que veraneó primero en As Sinas y después, en un chalé situado frente al vilagarciano muelle de Ferrazo. El conde de Vallellano fue alcalde de Madrid entre 1924 y 1927 por la formación política de Antonio Maura, y con Franco fue el responsable de las carreteras entre 1951 y 1957. Es el único ministro, junto con el conde de Arjona, que ocupó una cartera franquista y ha pasado a la historia con su título nobiliario.

A pesar de pasar los veranos en Vilagarcía, el conde de Vallellano no se preocupó demasiado de las carreteras de su ciudad de vacaciones, que no conocieron en su época una especial mejora ni un nuevo trazado, sino que siguieron confluyendo, como siempre, en el cruce de O Ramal sin que ni el ministro ni nadie se percatara de que ese punto acabaría estrangulando el tráfico de Vilagarcía de Arousa.

Caso distinto fue el de su subsecretario, el gallego Rivero de Aguilar, que tenía un pazo en O Faramello y eso provocaba que, según me contaba el profesor Piñeiro en una entrevista, la carretera gallega que más se arreglaba era la de Pontevedra-Santiago, que pasaba cerca de su pazo.

En Vilagarcía de Arousa, recordamos al conde Vallellano cada vez que vamos de la plaza de Galicia a O Cavadelo, pues la calle que une estos dos lugares tan céntricos lleva el nombre del ministro. En un tiempo, apodaron a esa rúa con el nombre de Fleet Street, es decir, la londinense calle de la prensa, porque en ella abrían delegación La Voz de Galicia y otros periódicos.

Como el ministro veraneante no hizo nada en su momento y los alcaldes de la Perla de Arousa del pasado siglo tampoco entendieron que O Ramal era un embudo con vocación de futuro, hemos llegado al año 2018 con Vilagarcía acogotada por el famoso cruce y los alcaldes intentando poner orden en el tráfico de la única manera que pueden: actuando sobre la calle Conde Vallellano y las demás arterias del centro de la ciudad. Son actuaciones sensatas y racionales, que consiguen más fluidez y mejor circulación, pero en cuanto los vehículos se acercan a O Ramal, la historia urbanística de Vilagarcía de Arousa cae encima de los conductores con todo el peso de su irracionalidad.

Hace mucho tiempo, en 1884, el arquitecto que urbanizó la plaza de Ravella, Faustino Domínguez Coumes-Gay, ya escribía que la población de Vilagarcía estaba circunscrita al espacio comprendido entre la carretera de Pontevedra a Carril y el mar. La urbanización de la ciudad provocaba, hace ya más de cien años, que las principales calles confluyesen en esa carretera de Carril a la altura del muelle de O Ramal.

Hubo un Plan Palacios, allá por 1922, regalado a Vilagarcía por este insigne arquitecto porriñés, que abogaba por un ensanche hacia A Escardia y el interior de Vilagarcía, Aquel trazado urbano hubiera descongestionado el cruce de O Ramal porque Antonio Palacios (1874-1945) era un visionario que ya entreveía el embudo del futuro. Pero a pesar de ser el autor del Palacio de Comunicaciones de Cibeles, del madrileño Círculo de Bellas Artes, del bello edificio que ocupa el Instituto Cervantes en la calle de Alcalá, del teatro García Barbón e, incluso, del rombo que identifica al Metro de Madrid, a Palacios no se le hizo ni caso.

En tiempos de los alcaldes Recuna y Rivera, la empresa Consultora Galega del sociólogo urbanista Daniel Pino, nacido en Tomiño pero luego vecino de Vilaxoán, propuso un plan de ordenación urbana que preveía una circunvalación racional, pero fue eliminada cuando el PP tuvo que aplicar ese plan. Con lo que llegamos a la conclusión de que el verdadero problema del tráfico en Vilagarcía, o sea, O Ramal, es un talismán intocable.

Cuando en 2009 se inauguró la circunvalación norte, parecía que el acogotamiento del cruce y las caravanas interminables de Rosalía de Castro se iban a acabar. Pero ya ven: por la circunvalación circulan entre 4.000 y 5.000 vehículos diarios de media y por la avenida que une Vilagarcía y Carril se mueven entre 9.000 y 10.000. Cronómetro en mano, se tarda lo mismo entre Vilaxoán y Carril por la circunvalación que por el centro en hora valle y 10 minutos menos en hora punta. Pero nos da lo mismo. O Ramal nos atrae, nos atrapa, nos engulle... Tenemos una ciudad humanizada y paseable, un bus urbano eficaz y un nuevo plan de tráfico inteligente, pero llevamos cien años pasando por O Ramal y no vamos a cambiar ahora.

El conde Vallellano veraneaba en Vilagarcía, pero no se preocupaba de su tráfico

En tiempos de Recuna y Rivera, Consultora Galega propuso otra circunvalación

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