«Estamos teniendo mucha paciencia; iros a vivir al centro»

Un vilagarciano denuncia el acoso de un grupo de vecinos


vilagarcía / la voz

Aquilino se crió en una aldea. Por eso, sabe que la pesadilla que está viviendo desde hace unos años no tiene nada que ver con la vida en zona rural. Todo empezó cuando él y su familia se trasladaron a Galáns, un rincón tranquilo de Vilagarcía de Arousa. Pero la vida feliz que habían soñado enseguida se vio truncada: comenzaron a tener problemas con un vecino que azuzaba a sus perros cada vez que se cruzaba con los nuevos residentes. El asunto acabó en los juzgados, con una sanción que el demandante considera irrisoria. Durante un tiempo pareció que habían conquistado la paz. La colocación de cámaras de seguridad en su propiedad contribuyó a ello. Pero todo fue un espejismo. Asegura Aquilino que, espoleados por su enemigo de la puerta de al lado, un grupo de vecinos, cazadores todos ellos, comenzaron a utilizar las parcelas situadas junto a su casa para entrenar a perros de presa e, incluso, para hacer disparos al aire.

«Cuando empezó todo esto, fuimos a hablar con ellos y les dijimos si no podían hacer esos entrenamientos en otro lugar, más alejado de la casa. ¡Mira que hay monte por allí! Pero tal y como nos contestaron, ya vimos de qué iba la cosa», relata el protagonista de esta historia. Empezó con este problema hace ya unos años, y en todo este tiempo se ha cansado de llamar a la puerta del concello, de la Xunta, del Seprona, de la Policía Nacional, de la Local... «Pero nada. Aquí todo el mundo se pasa la pelota de unos a otros», sentencia.

Así que comenzó a investigar. Descubrió que la parcela en la que se realiza el entrenamiento de perros, para lo que se llega a realizar la suelta de conejos, es en realidad de tres propietarios: el Concello, que en un escrito certifica que no tiene constancia de esa práctica y que hará todo lo posible para erradicarla; un particular que no ha dado permiso para su uso a nadie; y una entidad bancaria. Buceó también en la normativa y descubrió que ni los entrenamientos de perros de caza, ni las sueltas de conejos, ni mucho menos los tiros, se pueden dar en cualquier sitio, ni a cualquier hora. Y es que «sufrimos esta situación en todo momento; puede ser a las once de la mañana, a las cuatro de la tarde o de madrugada», sentencia Aquilino.

Inacción de la Administración

Este vilagarciano lamenta la inacción de todas las administraciones implicadas en este asunto. Gracias a ella, dice «el monstruo ha crecido». Ya ha tenido varios encontronazos con sus vecinos: insultos, amenazas e incluso algún intento de agresión. Tras presentar una de esas denuncias, Aquilino recibió una advertencia tan clara como contundente. «Te voy a dar unas hostias; estamos teniendo mucha paciencia con vosotros. Tenéis que iros a vivir al centro». Es un mensaje que les llega con insistencia. «A mi mujer, un día que me golpearon el coche, le dijeron que 'esto te pasa por vivir en medio del monte'». Pero él sabe que no es cosa «ni de la aldea ni de los cazadores, es cosa de esta gente».

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