La campeadora que se bate en femenino plural

La nueva campeona de España de duatlón y triatlón cross fue antes jugadora de élite de hockey hierba, y pionera en la lucha por los derechos de la mujer en la Guardia Civil. Su nuevo reto, montar el primer equipo femenino ciclista gallego

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vilagarcía / la voz

Aída García López (Santander, 13/V/1974) había imaginado una vida de trabajo entre montañas uniformada de verde. Pero esa resultó una batalla que no pudo ganar esta singular campeadora siempre dispuesta a abrir brecha en primera línea, batiéndose el cobre y soñando despierta en femenino plural. Mezclando su pasión por el deporte con un espíritu de justicia que la llevó en sus 13 años de agente de la Guardia Civil a una costosa pelea por ganar espacios de igualdad y respeto a la singularidad de géneros. O ayudando a empujar la bola de nieve que desde el pasado invierno no ha parado de crecer con la ilusión de ver salir de ella al primer equipo ciclista íntegramente femenino de Galicia.

Es su pasión por el triatlón y el ciclismo lo que ha atraído la luz de los focos sobre Aída García, a la que muchos conocen en Vilagarcía por su trabajo desde hace 10 años de monitora en la piscina municipal dando clases de espinning, body combat, body pump o natación. El pasado fin de semana, en Almazán, Soria, conquistaba los títulos femeninos de España de duatlón y triatlón cross en su grupo de edad, 40-44 años. Lo hacía solo una semana después de haber finalizado segunda absoluta y primera en su categoría en su estreno en el Gran Fondo de Ézaro; la prueba ciclista popular de 141 kilómetros y más de 3.000 metros de desnivel acumulado por la Costa da Morte, en la que se vio logrando plaza en un Mundial de Gran Fondo al que renuncia para aspirar a un puesto en el Mundial de Triatlón de Pontevedra 2019. «Igual el próximo año lo preparo», nos dice quien piensa en cómo compaginar triatlón y ciclismo, pero también trail, BTT, o ciclocross.

Deportista vocacional, Aída probó en su Santander de origen «atletismo, baloncesto, volei...», para encontrar su espacio de confort sobre un campo de hockey hierba, en el que empezó con 8 años. «Fui jugadora de División de Honor», recuerda. «Con el Sardinero H.C. gané campeonatos de España, y disputé una Recopa de Europa. Estuve preseleccionada con España, pero por temas de estudios y familiares no pudo ser», dejando caer Aída en la secuencia la celebración de los Juegos de Barcelona 92, del que el combinado hispano salió campeón.

Fue también Aída García Guardia Civil. «Quería formar parte del grupo de rescate de montaña. Pero no querían mujeres». Muy a su pesar, no logró rendir esta plaza. Pero cuando con 33 años, y 13 de hoja de servicios, abandonó la Benemérita con destino a Vilagarcía, lo hizo habiendo ayudado a derruir anchos y antiguos muros hasta entonces aparentemente inexpugnables. «Estando en la academia ya cumplí mis primeros arrestos por hacer deporte en mi tiempo libre y querer ducharme después. A los hombres los dejaban. A mí se me prohibió». Era 1993. «Soy una persona a la que le gustan las cosas bien hechas y justas», resalta Aída, «a los hombres les daban facilidades para competir a alto nivel. A mí no. Tuve muchos problemas. Luché y peleé muchas cosas en la Guardia Civil. El permiso de lactancia, poder llevar pantalones y zapatos con cordones... Me arrestaron varias veces. Pertenecí al primer sindicato de la Guardia Civil, la AUGC, y estuve en la cabecera de la primera manifestación de guardias civiles de la historia, el año que entró Zapatero en la Moncloa. Todo esto», añade, «lo peleé con abogados y la asociación, a nivel interno. Y lo gané. Pero en la Guardia Civil te dan la razón sin papeles, y te esconden».

Con el título de Técnico de Actividades Físicas y del Deporte bajo el brazo que se había ido sacando «cuando vi que la Guardia Civil no era para mí», una niña de 6 años y otra en camino, Aída llegó a la capital arousana con su pareja vilagarciana, guardia civil.

Hace cinco años recuperó la práctica deportiva. Empezó participando en medias maratones y trails. «Como se me daba bien, solía ganar», apunta, y los triatletas locales que se entrenan en el gimnasio de la piscina la animaron a probar su deporte. Acabó haciéndolo, en el Triatlón de Cedeira del 2015. «Me compré la bici de competición diez días antes. Fui segunda a nada de la primera. En el podio me preguntaron de dónde salía. Les dije que era monitora de espinning, y pensaron que las estaba vacilando».

Palmarés precoz, y liderazgo

Desde su primer puesto en el Campeonato Gallego de Triatlón Sprint en su año de debut, Aída acumula seis títulos y cinco subcampeonatos autonómicos y nacionales de acuatlón, duatlón y triatlón veterano. Este año, enrolada en el Triatlón Rías Baixas tras dejar el equipo que la había fichado nada más verla en acción en su debut en Cedeira, el Olímpico de Vedra, García empezó a dar sus pinitos en el ciclismo. Y en noviembre «Elena y Silvia, dos chicas de Baiona empezaron a ponernos en contacto a las que practicamos ciclismo en Galicia a través de una aplicación». Ese mes, comenta García, «quedamos 30 para hacer una salida de unos 100 kilómetros por la zona de Vigo. En mayo yo propuse otra en Vilagarcía. Y la semana pasada dije en el grupo que deberíamos empezar a pensar un nombre, constituirnos en asociación, y montar un equipo ciclista solo de mujeres».

Vaya por delante, subraya Aída, que «no tenemos ningún problema con los compañeros, todo lo contrario, nos apoyan». Pero, hablando con otras corredoras, sabe que «empezar sola en grupetas de hombres es más difícil», al generar una sensación inicial de soledad. Para combatirla, y «fomentar el ciclismo femenino», hay una campeadora dispuesta a tirar al frente del pelotón.

En el cuerpo armado peleó por derechos de las agentes, desde la igualdad en la práctica del deporte al permiso de lactancia

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