La revisión catastral alcanza a edificios con 70 años en pie en Vilagarcía

Aunque el proceso ha permitido regularizar muchas piscinas, el mayor número de casos abiertos son por alboyos y galpones

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vilagarcía / la voz

De los 3.000 afectados por la regularización catastral realizada en Vilagarcía, algo más de setecientos han buscado asesoramiento y ayuda en la oficina de información puesta en marcha por Ravella. Este servicio se clausuró la semana pasada tras atender a un total de 719 afectados, que llegaban hasta ellos cargados de dudas e incertidumbres. Solo 82 de ellos acabaron por presentar alegaciones al catastro, según explicaba ayer el Concello de Vilagarcía. «Os motivos máis repetidos para motivar as alegacións foron a adxudicación a unha persoa dun inmoble que non era da súa titularidade, erros na medición da superficie e alturas e tamén por asignación de un uso que non se corresponde coa realidade, principalmente por rexistrar como vivenda unha edificación que se usa como almacén», explicaba ayer Ravella.

Pero esta regularización catastral presenta, aún, otras curiosidades. Y es que este procedimiento pone fin a la condición de «sin papeles» en la que se encontraban muchas edificaciones de la capital arousana y, más en concreto, alboyos y cobertizos que en algunos casos tienen más de setenta años. Son edificaciones que fueron levantadas para usos agrarios y que «no momento da súa construción non tributaban e si están obrigadas a facelo dende hai uns anos». Ahora, sus propietarios deberán pagar por ellos, además de los 60 euros de recargo fijo, las cantidades que procedan, y que pueden engordar el recibo en cantidades muy variables -entre 5 y 900 euros-. En muchos casos han de pagar, además, los atrasos correspondientes a los últimos cuatro años.

Desde la empresa Cartotec, encargada de gestionar la oficina de asesoramiento municipal, explican que, en algunos casos, los alboyos o cobertizos han cambiado de usos y se han convertido en construcciones auxiliares a la vivienda, algo que también ha quedado recogido en el Catastro. Según indican desde la empresa que gestionó casi un tercio de las dudas de los particulares afectados, estos alboyos son la tipología de edificación que más ha aflorado con la revisión catastral. Han salido a la luz muchas más de estas estructuras que, por ejemplo, piscinas. Quizás se deba, explican desde Cartotec, a que hace unos años se realizó una revisión general en la que una buena cantidad de esas estructuras fue declarada por sus propietarios.

«La gente llegaba hasta nosotros nerviosa, a todos nos asustan las cartas de Hacienda»

Aunque los afectados tenían otros canales para resolver sus dudas sobre la revisión catastral -la página web, o la oficina provincial del Catastro-, el punto de información municipal funcionó a pedir de boca. David Prieto fue uno de los encargados.

-¿Cómo reaccionaba la gente que llegaba hasta ustedes?

-La gente llegaba nerviosa, a todos nos asustan las cartas de Hacienda. Pero no tuvimos problemas. Si a alguien le dan de alta una piscina, o un alboyo, no lo va a negar. Lo que más les molestaba era la tasa de 60 euros que tienen que pagar por no tener declarado el edificio. Nosotros comprobábamos que los datos estaban bien, calculamos los valores y lo que les supondría, y al ver las cantidades que eran, en la mayor parte de los casos, tampoco les parecían tanto. Lo que peor llevaban era el pago retroactivo, de los últimos cuatro años, pero el Concello de Vilagarcía estudia fraccionarlo.

-¿Ni siquiera se enfadaban al tener que pagar por edificios de setenta años?

-Esta regularización persigue incluir edificios que llevan muchos años construidos, y que nunca se incorporaron al catastro. Normalmente, por los edificios auxiliares el valor a pagar es muy reducido.

-Siempre se ha dicho que con esta revisión saldrían a la luz piscinas y galpones...

-En Vilagarcía se cumple esa máxima. Aunque, en realidad, lo que más ha aflorado aquí son alboyos, y no tantas piscinas porque en la revisión general que se hizo en 2013 ya se habían declarado muchas de esas construcciones. Los alboyos, en cambio, iban quedando porque Vilagarcía es un municipio urbano y esas estructuras, de clase rústica y agraria, no se incorporaban en las revisiones urbanas; a efectos de IBI y de revisión catastral eran poca cosa.

-¿Nadie se ha ido enfadado?

-Bueno, algunos ha habido. Recuerdo un caso de una vivienda de nueva construcción, fechada en 2009, que no se había detectado en ninguna construcción hasta ahora. Tiene que pagar 900 euros anuales, más los cuatro años de atrasos. Es mucho dinero, pero claro, estamos hablando de una vivienda que está muy bien y que tenía que haber sido declarada en su día.

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