«Mucha gente que nos ve nos dice: 'Ojalá os rompáis una pierna'»

Los jóvenes que practican parkour, skate o BMX piden instalaciones en las que poder ejercitarse en la ciudad

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vilagarcía / la voz

«Tu madre no lo dice, pero me mira mal», cantaba Loquillo hace más de treinta años. El mundo ha cambiado mucho desde que el rey del tupé dio forma a aquella canción, pero las miradas cargadas de perjuicios permanecen. Los chicos que practican deportes urbanos en Vilagarcía lo saben bien. Sobre quienes hacen parkour, skate o BMX suelen posarse ojos cargados de desconfianza, cuando no de franco desprecio. «La gente piensa que somos unos vándalos, que destrozamos las cosas. Y no. No somos ni vándalos, ni yonquis». Nos lo cuentan en O Centenario, junto a un recinto pensado para la práctica de skate.

La estructura, que se construyó en 2015, tiene aspecto de ser mucho más vieja de lo que es. «La hicieron sin escuchar las sugerencias que les planteamos, por decir que la hacían... Y ahora se cae a cachos». Literalmente: mientras habla, Fernando demuestra como el cemento se deshace al mínimo contacto. Él, que es skater, es también uno de los veteranos del grupo de casi veinte chavales que han decidido reivindicarse. «Somos deportistas y lo único que queremos es un sitio en el que poder entrenar». Quien habla ahora es Álex Pino, el primer vilagarciano que decidió lanzarse a la práctica del parkour. Ya saben, desplazarse en línea recta, venciendo solo con la fuerza y la agilidad los obstáculos que aparezcan en el camino. Ha creado escuela, ha llegado a dar clases de esa disciplina en el instituto Castro Alobre. Pero lo que no ha logrado, hasta el momento, es que en el Concello de Vilagarcía le permitan exponer sus ideas, maduradas durante cinco años, sobre dónde podría encajar un espacio de entrenamiento.

Así que, ahora, su campo de prácticas deportivas es Vilagarcía entera. Es habitual verlos detrás del auditorio, aprovechando las rampas y las vallas. Y esta misma semana, sus ejercicios acrobáticos se desplegaron en la nueva plaza de Galicia. Y allí, una vez más, la gente los miraba mal. «Es lo de siempre. Hay quien se para y te felicita por lo que eres capaz de hacer, y luego está toda esa gente, y es mucha, que nos mira y nos dice: ‘Ojalá os rompáis una pierna’».

Ese rechazo acaba hiriendo. «La gente no lo entiende, pero nosotros somos los primeros interesados en cuidar el mobiliario urbano, porque es con lo que hacemos deporte», cuentan los aficionados al parkour. Los skaters y quienes practican BMX asienten. Ellos también saben lo que es que alguien les desee un buen golpe porque confunden la práctica de su deporte con el vandalismo. «Y lo mejor es que te insultan, te desean lo peor, y luego los maleducados somos nosotros». «En el half que hay en O Cavadelo, que está destrozado porque no se le hace ningún tipo de mantenimiento, los niños pequeños juegan a echar arena en la pista. Y le pides a los padres que los controlen y aún se enfadan». Igual que los que confunden el skate-park de O Centenario con un lugar para que corran los más pequeños. «Se sientan ahí, en nuestra pista, y aún por encima se quejan si nos ponemos a usarla».

Ya ven, las palabras nos han traído de vuelta al viejo parque. A unas instalaciones decrépitas que cada fin de semana aparecen cubiertas de desperdicios del botellón. Cristales rotos y basura que se acumula porque no parece ser cosa de ningún servicio de limpieza. Así que, quien se asoma por allí a practicar después de una noche de fiesta tiene tres opciones: o volverse a casa, o buscar otro sitio para entrenar o, como ocurre con frecuencia, ir al quiosco de O Cavadelo «a pedir la escoba para limpiar».

Acostumbrados a sortear obstáculos, estos rapaces seguirán haciendo deporte urbano. Si se los encuentra por la calle, o en la playa de O Preguntorio, disfrute del espectáculo. Vale la pena.

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