Vilagarcía late en la plaza de Galicia

La apertura del remodelado espacio despertó una gran expectación entre los vecinos

Carmela Silva y Alberto Varela dan el visto bueno a la plaza de Galicia Carmela Silva y Alberto Varela dan el visto bueno a la plaza de Galicia

vilagarcía / la voz

Pocas obras han suscitado entre los vilagarcianos tanto interés y curiosidad como la humanización de la plaza de Galicia. Ayer, tras largos meses, las vallas que marcaban el área de trabajo desaparecieron. Tampoco estaban en su sitio las que ocultaban la reforma de los viejos almacenes de Bobo, cuya fachada emergió tan deslumbrante y fresca como la propia plaza. Fue una feliz coincidencia: el espacio parecía más amplio, más luminoso. Y rebosante de vitalidad. Porque durante toda la mañana, cientos de personas se arremolinaron alrededor de la fuente, alrededor de sus jardines perfumados y alrededor, también, de la exposición que, con motivo de la apertura del espacio, ha organizado el Concello.

El proyecto de Mariano Vázquez, que pretende reconectar la plaza del siglo XXI con su historia, había dado mucho de qué hablar. Su propuesta, a medida que tomaba cuerpo, recibía un aluvión de críticas que tanto él como la concejala de Urbanismo, Paola María, encajaron con paciencia. «Hay que esperar a que la obra esté terminada», decía la edila. Ayer no ocultaba su satisfacción «al ver que todo funciona como esperábamos». Hablaba de los niños que jugaban al borde del agua, de los grupos que charlaban junto a la fuente y quienes se sentaban para disfrutar del perfume de las plantas aromáticas.

No hubo acto oficial de corte de cinta, pero una nutrida representación del gobierno local acompañó a la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, a conocer en qué se habían invertido parte de los fondos que este organismo dejó en manos del Concello de Vilagarcía. «Estoy encantada con que esos recursos se hayan dedicado a actuar en un lugar emblemático de la ciudad», dijo. Declaró que, de la plaza, «me gusta todo. Me gustan los elementos, me encanta que haya agua, y que esta actuación sea pragmática y permita aliviar el problema de las inundaciones», dijo. Este tipo de obras, dijo, «contribuyen a hacer que seamos más felices, y para eso estamos en política, para que la gente sea más feliz».

Silva aplaudió el trabajo del arquitecto y de la concejala de Urbanismo. «Se nota cuando una mujer dirige ese área», dijo. Alberto Varela, que agradeció el apoyo de la Diputación, apuntó que en la plaza cobra cuerpo «un modelo de cidade que recupera espazos para os cidadáns». Prometió cuidar este nuevo espacio «de los vándalos». Y también de esos otros que llenaron, en unas horas, los parterres de colillas.

La historia, contada desde un círculo

«¿Y no hubo corte de cinta?», preguntaba una mujer al ver la comitiva de autoridades en la plaza de Galicia. No hubo, no. El Concello decidió evitar el boato en la apertura de este espacio, y sustituir las cintas por una exposición sobre la historia de este rincón de Vilagarcía. La muestra «A aventura de construír o centro», creada por el área de comunicación del Concello, conectó de inmediato con la gente. Durante toda la mañana, ante los veinte paneles en los que se narra la historia del corazón de Vilagarcía, desfilaba el público.

Era fácil leer, en el rostro de muchos de esos espectadores, la sorpresa. La primera llegaba de la mano de unos versos de Miguel Hernández: «En este campo estuvo el mar, alguna vez volverá», se leía en un círculo en el suelo, en medio de los paneles. Ese punto era la referencia que iba a permitir ubicarse en todas las vilagarcías que se han ido sucediendo a lo largo del tiempo. Al principio de esta historia, en un viejo mapa de la ciudad, el punto aparece, justo, en medio del azul del mar.

Las manecillas del reloj se adelantan y llegamos a una ciudad que había comenzado su batalla por ganarle terrenos a la ría. Entre 1880 y 1931 la plaza de Galicia fueron, inicialmente, dos. En una de ellas -en el lugar que hoy ocupa la nueva fuente con luz y sonido- se levantaba la torre del reloj, que acabaría sacrificada para dar forma a la nueva plaza. El paseo por la historia ofrecido por el historiador Manuel Villaronga hace una parada en las tertulias de la vieja farmacia de Varela, en la construcción del Hotel Lois (luego edificio de Salgado) y de Almacenes Bobo, en la colocación del Obelisco -preferido por los gobernantes de la época a cuatro farolas-, en la apertura del cine Arosa, en la de la calle Conde Vallellano. Cruzamos la plaza en la época en la que los coches la conquistaron, y llegamos, por fin, en la reconquista de ese mismo espacio por los peatones. Es el último capítulo escrito.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Vilagarcía late en la plaza de Galicia