Los mejores dry martini

Luis Renda falleció el pasado domingo víctima de una enfermedad


Luis pasó el fin de semana ya muy fatigado. Tuvo tiempo de probar una cerveza sin alcohol y de vez en cuando creía oír la música de una gaita mientras se iba apagando, rodeado de su gente hasta el final. Entrañable, encantador y siempre amable, buen bailarín, fenomenal caminante, capaz de cubrir a pie cada año los veintitantos kilómetros largos que separan Vilagarcía de los Milagros de Amil, y por encima de todo amigo de sus amigos, ni siquiera la enfermedad le hizo perder las ganas de disfrazarse este Entroido, sabiendo que probablemente sería la última vez.

Luis dedicó 48 años de su vida laboral al Club de Regatas, donde era una institución. Allí preparaba los mejores dry martini. «Algo de cierto hay», confesaba con una sonrisa pícara, como dándole y quitándole importancia al mismo tiempo, cada vez que alguien se interesaba por sus habilidades, que a ratos también desplegó en El Pequeño Bar. Con él se va la memoria de una ciudad de otra época, de partidas de póker entre personajes acaudalados, de códigos compartidos por jugadores y camareros, de paseos cuando la ría bañaba aquella Alameda a la que el mar no volverá.

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