Los custodios de la tercera edad

En O Salnés, un total de 764 ancianos participaron el año pasado en programas de Cruz Roja que dan cobertura a necesidades tan básicas como la atención y el afecto


VILAGARCÍA / la voz

Paquita es una mujer elegante, que viste siempre una sonrisa amable. Durante un tiempo fue voluntaria de Cruz Roja, pero ya le ha tocado pasar a la reserva. Ahora, ella es una de las usuarias de los programas que esta oenegé desarrolla en la comarca para intentar mejorar la calidad de vida de nuestros mayores. Y aunque en este paquete entran acciones para retrasar el deterioro cognitivo, o para mantener la forma física, la mayoría plantan cara a la más terrible de las enfermedades de nuestros mayores: la soledad.

Paquita tiene suerte. Ella tiene familia y una buena red de amistades. Además, vive en Vilagarcía, así que puede dar rienda suelta a sus ganas de «salir a la calle». «En las zonas rurales, la gente no lo tiene tan fácil», dice Marián Vélez, la responsable comarcal de Cruz Roja. Conscientes de esa realidad, en la oenegé tratan de llevar sus programas a las parroquias. «Cuando lo hacemos son un éxito», dice una tercera voz, la de María Eva Pereira, una de las voluntarias que trabaja en los programas de tercera edad. Aún así, Cruz Roja centraliza buena parte de sus proyectos en Vilagarcía, y falta que hacen. Porque también en las ciudades, escondida entre las paredes de los pisos, se agazapa mucha soledad.

Para acabar con ella, todas las estrategias son pocas. Paquita, que las conoce casi todas, sabe reconocer su importancia. «Hasta hacemos excursiones. Fuimos a Cortegada, ¡qué isla tan bonita!», nos cuenta. Esa visita a la isla de los laureles forma parte del programa Enrédate, en el que participan unas 215 personas. «La intención es mejorar las relaciones sociales de las personas mayores», cuenta Marián Vélez. Así que el grupo lo mismo se va a Cortegada, que a ver un pazo en Lalín, o a jugar una partida a los bolos.

La voluntaria María Eva, que llegó a Cruz Roja «tras muchos años pasando delante de la puerta y sin decidirme a entrar», no solo los acompaña en esas salidas, sino que participa en muchas otras de las actividades organizadas para los mayores, y que el año pasado llegaron a las 764 personas. «A medida que nos hacemos mayores, vamos perdiendo contactos», relata. Por eso es tan importante abrir espacios en los que los mayores puedan interactuar, tejer nuevos puentes. Quizás por eso, Eva se toma con humor las charlas continuas de Paquita y las otras asistentes a las actividades que organiza Cruz Roja. «Siempre están hablando. Una vez, estaban pintando mandalas y teníamos puesta una música, y me pidieron que la quitara, que lo que querían era charlar», recuerda con una carcajada. Es importante mantener la risa viva. Eva, que participa en otro programa que consiste en llamar periódicamente a los mayores para ver qué tal están, para darles un rato de conversación, se asoma demasiadas veces a través de la línea a «un vacío tremendo» que hace que colgar el teléfono se haga mucho más complicado.

Nadie dijo que ser voluntario sea sencillo. Pero sí que es, asegura Eva, «muy gratificante». «Si hubiese más gente podríamos hacer muchas más cosas, llegar a muchas más personas que lo necesitan», razona. Y por eso hace una petición: «Deberías poner que hacen falta voluntarios. Y que no hay excusa ni de tiempo ni de ningún otro tipo, nos adaptamos a lo que cada uno pueda hacer». Dicho queda.

Un medallón que puede salvar vidasA la vejez, actividad bien dimensionadaUna voz amable que da tranquilidad

El programa de Teleasistencia Domiciliaria de Cruz Roja-Salnés da servicio a 154 personas. Los ancianos que viven solos se sienten, gracias a un medallón pulsador, más tranquilos: saben que, ante la menor incidencia, pueden lanzar un SOS que será atendido de inmediato. Hay otros programas destinados a mayores que viven solos, como los programas de acompañamiento que también realiza la oenegé.

Cruz Roja dispone de varios programas de atención a la tercera edad. Algunos están centrados en facilitar a la población de más edad herramientas con las que mantener activa su memoria y su cuerpo. Hay, también, un taller de envejecimiento saludable. «La mayoría de la gente que viene a estos programas son mujeres. Parece que les interesa mucho más cuidarse y saber cómo hacerlo», explican Eva Pereira y Marián Vélez.

A través del programa Agendas de proximidad telefónica, los voluntarios llaman periódicamente a 73 personas para ver qué tal están, cómo han pasado los últimos días, qué tal le ha ido en el médico... Se trata de charlar y hacer acompañamiento a los mayores, que en ocasiones no tienen a nadie más. También se hacen campañas telefónicas puntuales para informar de olas de frío o de calor, o de la vacuna de la gripe.

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