El yudo en Galicia se apellida Crespo

Llegó desde Euskadi hace 40 años por «una venada» y es culpable de que los kimonos se hayan extendido por la provincia

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vilagarcía / la voz

Está semiretirado, pero a José Ángel Crespo le cuesta colgar el kimono. Este vasco es el culpable de que el yudo se haya extendido en varias de las localidades de la provincia de Pontevedra y ahora supervisa todo lo que sucede en el gimnasio Squash y desprende toda su sabiduría con sus jóvenes alumnos del Armenteira. Es el último reto de un tipo que prendió la semilla en Marín, Pontevedra o Vilagarcía.

El historial deportivo de Crespo es espectacular. Siendo todavía júnior, y cuando aún vivía en Euskadi, se codeaba con los mejores especialistas. En 1971 ya era campeón de España y fue declarado mejor deportista nacional. Ese año lo llamaron para formar parte del equipo nacional y fue seleccionado para el conjunto olímpico. Aunque se quedó sin ir a los Juegos porque la federación decidió no acudir, pero no sin participar en eventos internacionales, puesto que con la selección española acudió a camponatos en Bélgica o Japón.

Entrenamientos en Japón

Al año siguiente (1973) participó, ya como deportista de la categoría absoluta, tanto en el Europeo de Bélgica, como en el Mundial que se disputó en Suiza. Su presencia en el equipo nacional le valió para compartir entrenamientos con la guardia imperial de Hirohito y se alargaría todavía un par de años más antes de comenzar a dar clases. Llegó hasta el sexto Dan «y ahí dejé de sacarlos porque el séptimo y el octavo me los darían por méritos deportivos, pero para que me los regalen...», dice.

Damos ahora un salto en el tiempo para comenzar a explicar la relación entre Crespo y Vilagarcía. «Acabé aquí por una venada con un tío. Estaba en San Sebastián con un chico que era de A Estrada y decía que se iba a venir para Galicia para montar un gimnasio. Y yo, de broma, le dije que me llamara si lo montaba. Me llamó para ver los bajos y me lie. Cogí y me vine con toda la familia y empezamos a preparar el local, pero A Estrada no me gustó», recuerda.

Aquel año ya fue a un Campeonato Gallego en el que arrasó. «Me duraron todos diez segundos. Era entrar y salir, entrar y salir», recuerda. Y fue acumulando títulos autonómicos y comenzaron a aparecer ofertas de trabajo. La primera, en Pontevedra, y de allí al estadio de La Juventud. «Debajo de las escaleras había un local pequeñito que usaban para calentar. Me lo dejaron en septiembre con diciembre de plazo máximo para ver si funcionaba. Empecé en octubre a dar clases y se me llenó todo de niños», afirma.

El salto a Vilagarcía

Luego llegó el salto a Vilagarcía. Comenzó en el club Benjai. «Solo había taekuondo en Vilagarcía de aquella y me dijeron ‘aquí no vas a hacer nada. No vas a levantar el yudo’. Empecé con dos niños, cuyos padres eran policías. A una no le gustaba nada el yudo y tenía que agarrarla para que no se me fuera para casa. Luego, cuatro, luego seis y así hasta ciento y pico niños que tuve», explica.

El penúltimo salto cumplió en noviembre del año pasado treinta años. Fue la apertura en el barrio de O Piñeiriño del gimnasio Squash. Lo hizo tras abandonar unos meses la ciudad. «Me marché pero me dio pena dejar Vilagarcía y volví y monté este gimnasio», dice. Ahora sus alumnos son quienes dan clase. «Montamos el yudo en Marín, Pontevedra y Vilagarcía y ahí sigue. Y cuando estuve becado en Leganés también creé la escuela municipal. Más que un profesor de yudo parezco un misionero», dice con orgullo.

Toda una vida dedicada a su deporte, que vive con pasión aunque los años ya no le permitan mantener la misma actividad de antes. Da igual. Ayer estaba supervisando la instalación de unas nuevas máquinas para su local de As Pistas. «Morirá en el gimnasio», dice su mujer Lupe. Que tarde.

La medalla que dos compañeros pidieron para un yudoca que se había lesionado

Sucedió en el Xogajudo, actividad que se inscribe en el programa Xogade de la Secretaría Xeral para o Deporte, que se celebró el pasado fin de semana en Gondomar. Una cita en la que los representantes del Judo Club Pontevedra Squash Vilagarcía tuvieron una destacada actuación, con varios de sus representantes subiendo al podio, pero en la que se produjo un gesto que ejemplifica los valores que el club vilagarciano quiere transmitir entre sus deportistas.

Jorge, uno de los representantes del club, sufrió una lesión importante en uno de sus combates y tuvo que ser trasladado a un centro médico. Hasta ahí, todo normal porque ese tipo de circunstancias suelen acontecer. Lo que pasó a continuación sí que se sale del guion habitual. Ángel y Hugo, dos de sus compañeros, se dirigieron, tras la entrega de medallas, a los responsables de la organización para pedirles uno para su amigo, que ya estaba camino del hospital.

Al margen de esa circunstancia, el club arousano consiguió cinco oros de Anxos, Leyre, Paula, Ángel y Hugo; las platas de Irene y Cibrán y los bronces de Rubén, David y Samuel; además de un cuarto puesto de Iago.

El Armenteira

Además, el Armenteira también tuvo una representante en el evento. Carolina ganó todos sus combates en la categoría alevín y se alzó con el primer lugar.

La próxima edición del Xogajudo se celebrará el día 10 de marzo en el pabellón A Marisma de Redondela. El turno en esta ocasión será para los conjuntos de la categoría benjamín. El club acudirá con una nutrida representación y, además, colaborará con el campeonato aportando árbitros y personas que ayudarán con la organización del evento.

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