Un vial que guarda trampas para los peatones

Varios elementos amenazan con caer en cualquier momento en un tramo muy utilizado

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vilagarcía / la voz

Hay que andar ojo avizor cuando se camina por la avenida Valle-Inclán de Vilagarcía. Con mucho cuidado a la hora de cruzar, porque, a pesar de que es una de las zonas 30 de Vilagarcía, muchos conductores utilizan el segundo carril para emular a Fernando Alonso, y con mucho cuidado porque las aceras guardan también trampas.

Las vallas preventivas, que tanto abundan en Vilagarcía, tienen allí un punto fijo de colocación. En algún caso llevan meses porque el muro que amenaza con caerse desde hace mucho tiempo no ha cejado en su amenaza y tampoco ha sido reparado. Y no está solo. Apenas unos metros más allá un poste de madera de telefonía está sujetado únicamente por el cable. De nuevo un par de vallas advierten de que algo peligroso hay por allí, pero quizás más que colocar vallas habría que repartir cascos. Porque desde las alturas caen también hojas de las palmeras que por allí están, flagrantemente atacadas por el escarabajo picudo como se puede comprobar por su estado, y que aparecen tiradas en la acera o apiladas bajo algún árbol.

También llevan tirados desde hace días los restos de un anuncio publicitario al que las lluvias y los vientos han vencido. Su soporte, oxidado, tampoco es el más agradecido a la vista.

En realidad, la sensación de abandono reina por doquier. Ya no solo por la publicidad o la valla oxidada. Las casetas de los transportistas dan pena. Tapiadas, con los cristales rotos y rodeadas de basura y de vegetación. No componen una escena muy gratificante.

El panorama no mejora cuando continuamos el camino hacia la plaza de abastos. A uno de los lados del aparcamiento disuasorio, y pegada a una de esas casetas abandonados, aparece una montaña de escombro. Es como las que se suelen ver en cualquier cuneta de los montes cercanos, pero en este caso está prácticamente en el centro de Vilagarcía. A la vista de todos aquellos que utilizan ese lugar para dejar el vehículo, y que son muchos en una jornada como la de hoy, en la que hay mercado.

Por cierto, un consejo final para quienes tengan previsto aparcar su vehículo hoy en esa zona: traigan unas botas de agua o, al menos calzado de repuesto. A la entrada del mismo hay un charco que tiene el tamaño de una piscina olímpica pese a que hace ya varios días que no llueve. Los días de lluvia adentrarse en él ya es una tarea solo para valientes. ¿Tendrá el escombro la misión de pelear contra el agua?.

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