Las estrellas de la ría que sedujeron a Hollywood

La compañía Coda ha logrado convencer a DreamWorks para que autorice su versión de «Shrek»


vilagarcía /la voz

Estudió piano y canto. Aprendió a bailar siguiendo todos los ritmos. Y descubrió, entre acordes y escenarios, que había encontrado su lugar en el mundo. Así que, hace algo más de diez años, Olalla Bouzas creo en Vilagarcía una escuela de música y danza, Coda. Cuando la abrió, miraba al futuro con toda su confianza depositada en que el talento y el trabajo incansable acabasen teniendo recompensa. Nunca se imaginó hasta que punto iba a ser así. En realidad, era difícil prever que en su academia iba a echar raíces una compañía capaz de soñar y actuar a lo grande. Que su trabajo iba a ser validado por un gigante del mundo del espectáculo como DreamWorks. Que lograrían llenar auditorios (una y otra, y otra vez) con musicales espectaculares, desbordantes de ilusión.

La magia de Coda se desplegará este fin de semana en el auditorio de Vilagarcía. Aderezado con la ilusión que suelen imprimir a todos sus proyectos, medio centenar de integrantes de esta compañía se subirán al escenario para desplegar ante el público la historia de un ogro verde, de una princesa fuerte y de un grupo de frikis maravillosos. Les hablamos, claro, de Shrek, un producto de DreamWorks que hablará gallego con acento de la ría de Arousa.

Llegar hasta ahí no ha sido fácil. Negociar con un todopoderoso estudio de Hollywood no lo es; demostrar que se está a la altura de sus requerimientos, tampoco. Pero lo realmente duro, lo difícil de verdad, es traducir un libreto al completo, generar un sinfín de coreografías y lograr, con recursos más que limitados, cocinar un gran musical en el que todo -pero todo, todo- está hecho a medida: hasta las prótesis con las que los actores modifican su rostro.

Mañana, cuando se levante el telón del auditorio de Vilagarcía, los artistas de Coda sentirán un vértigo similar al que debe producir un estreno. Porque, aunque Shrek ya fue bautizado en Rianxo -allí había pasado la compañía dos semanas puliendo todos los detalles- y ha hecho después otras paradas, actuar en casa impone mucho respeto. «Hay mucha expectación», reconoce Olalla. Y de eso tiene la culpa O rei da sabana, el primer musical producido por Coda hace ya unos años. Iba a ser, inicialmente, «un mini concierto, pero fue creciendo y creciendo». Y, al final, el rugido de aquel león vilagarciano cogió desprevenido a todo el mundo, y logró deslumbrar a las miles de personas que acudieron a ver el espectáculo durante los tres años que giró por los escenarios de toda la provincia.

«Aprendimos muchas cosas de aquella experiencia», dice Olalla. Pequeñas grandes cosas que, sumadas, les han permitido volar aún más alto en su segundo musical de gran formato. Porque Shrek es un reto mucho más grande, más complejo, más exigente para los actores, para los músicos y para el equipo técnico. También para Olalla, que además de refundir el libreto y crear coreografías, actúa como jefa de pista y coordina el increíble tetris que es este montaje.

En él, cada personaje tiene luz propia, porque cada uno de ellos ha sido dibujado al detalle, de forma completamente individual. Se ha diseñado su carácter, se le ha buscado la ropa justa, el maquillaje perfecto. Meterse en la piel de cualquiera de los habitantes del maravilloso mundo de Shrek supone una considerable inversión de tiempo -y algunos actores, atiendan, tendrán que hacerlo varias veces en cada función-. En el caso de Daniel Comesaña, necesita casi dos horas para ponerse la máscara verde del protagonista. Iván López también tarda lo suyo en convertirse en Burro. La bruja, Iria Rey, consume algo menos de tiempo ante el espejo, y Leticia Catoira parece lograr con relativa facilidad su transformación en la princesa Fiona, una mujer de armas tomar.

Pero el equipo está entrenado, y con cada función gana agilidad y reflejos. Olalla seguirá el espectáculo desde el foso donde los músicos, en vivo y en directo, pondrán la banda sonora a esta experiencia. Está esta mujer ansiosa por conocer la respuesta del público vilagarciano. Y es que lograr entretener, divertir y emocionar a quienes pueblan el patio de butacas es el mejor pago que pueden recibir los integrantes de esa gran familia que es Coda. «Nuestro objetivo no es económico. Obviamente, tenemos que recuperar lo que invertimos en el espectáculo, pero aquí no se trata de ganar dinero». Se trata de ganar tablas, de crecer como artistas y de demostrar que aquí, también, sobra talento artístico.

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