Las aventuras galácticas del director de la banda

A Nogueira le encanta la música y hasta se ha atrevido a intentar apaciguar con la batuta a Darth Vader


vilagarcía / la voz

Cuando era un niño, a Jesús la música no le gustaba nada. «En realidad me horrorizaba. Me metí en este mundo con ocho años, pero no porque me apeteciese, sino por empeño de mi padre, que era el director de la banda de Vilanova», cuenta. Con el paso de los años, aquel rapaz que prefería la mecánica y el fútbol a aprenderse las notas musicales, ha acabado llevando la batuta en otra banda, la de Vilagarcía. El viernes lo veíamos, agitando las manos ante los integrantes del grupo, durante la cabalgata de Reyes.

Su conversión a la música fue repentina, inesperada, radical. «Tenía doce años. Será que maduré de repente, pero el caso es que le dije a mi padre que quería estudiar música en serio». Y a ello se puso. Empezó a estudiar en el conservatorio -Vigo, Santiago- y a dedicarle horas y más horas a su nueva pasión, la trompeta. «Me pasaba seis o siete horas cada día practicando», recuerda. A todo ese tiempo de estudio musical, súmenle el que pasaba en la banda de Vilanova. «Me dirigía mi padre y solíamos tropezar bastante, así que al final me trasladé a la de Vilagarcía». Y, quién se lo iba a decir, con 19 años, recién llegado de la mili, se convirtió en el director del grupo de Antas de Ulla. «Fue la primera banda que dirigí, y le debo mucho», recuerda. Porque aquel grupo, integrado por gente con mucha experiencia, sirvió para bajarle los humos al joven director. «Me enseñaron que las cosas hay que hacerlas con tranquilidad y con educación», señala. Esos son dos de los pilares sobre los que ha construido su trayectoria profesional.

Esta lo trajo de vuelta a Vilagarcía, pasado el horizonte del año 2000, tras haber participado en varios proyectos a lo largo y ancho de Galicia. Aterrizó aquí cuando la banda acababa de tocar fondo. «No había nada», dice, más que los malos recuerdos que había dejado la etapa anterior.

Así que Jesús empezó de cero, y lo hizo «marcando unas pautas». «La puntualidad, la formalidad, el trabajar dándole sentido a las cosas». Esos son tres principios que no ha abandonado nunca, y que le han permitido formar un grupo compacto con el que ha podido emprender todo tipo de aventuras. Y es que la banda de Vilagarcía estuvo implicada en la primera zarzuela músico-coral realizada en Galicia y en el primer homenaje de una agrupación de estas características a Pink Floyd. La banda hizo teatro musicado, y hasta se atrevió con el mismísimo Darth Vader. «Lo de Star Wars fue algo apoteósico. Además del concierto hubo varias sesiones didácticas con los colegios».

Es fácil hablar de música con Jesús por que la música impregna toda su vida. Su mujer toca la flauta. Su hija Sara, el fagot, y Mariña el clarinete. El pequeño, Iago, a sus cinco años dice que él seguirá los pasos del padre y se dedicará a la trompeta. Pero la verdad, confiesa Jesús, es que al rapaz aún no le ha entrado la fiebre musical que afecta al resto de la familia. Aunque todo se andará... Lo que sí que le gusta a Iago es la tortilla de patatas que cocina su padre. «No es que sea un gran cocinero, pero me defiendo», dice.

Descubrió el noble arte de los fogones «de forma tardía». Su mujer es profesora y, cuando tocó hacer el reparto de las tareas domésticas, comprobaron que el que estaba en mejor disposición para preparar la comida era él. Así empezó a poner en práctica el arcano saber del menú diario, en el que tiene que haber variedad, salud y, también, sabor.

La tortilla, ya lo hemos dicho, la borda. Pero su plato estrella, el que tiene por bandera, es la paella. «Aprendí a hacerla mientras estudiaba en Valencia», explica. Un compañero le enseñó cómo sacar lo mejor del arroz y él no desaprovechó la lección. «Eso sí, la hago con cámping gas. A mí con la vitrocerámica no me pidas que haga una».

El secreto lo dejamos en la cocina de Jesús. Diremos, eso sí, que para que la paella salga como mandan los cánones, es fundamental saber integrar los ingredientes, saber casar los sabores, saber armonizar las texturas. ¿Y quién va a hacer eso mejor que un director de banda, acostumbrado a aunar la música de decenas de instrumentos diferentes?. Jesús está convencido de que su trabajo es importante. Y, aunque «mi pasión es la trompeta, lo que me ha permitido experimentar más emociones ha sido la batuta». Y el público, eso, lo nota. Y disfruta de la música de la banda como de un buen bocado de la mejor paella.

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