El servicio de ayuda en el hogar llega a medio millar de dependientes arousanos

Los cuidadores se encargan a diario del aseo personal, la limpieza y las gestiones básicas de los usuarios


vilagarcía / la voz

El servicio de ayuda en el hogar es uno de los programas más importantes de cuantos se prestan en los servicios sociales municipales. En Arousa son medio millar las personas que reciben los cuidados de un auxiliar a la hora de su aseo personal, de limpiar la casa y de hacer gestiones rutinarias como la compra, recoger recetas o acudir al banco.

La mayoría son valoradas según la Ley de Dependencia. El resto participa en el programa a través del apartado de libre concurrencia, pues, aunque no cumplen los requisitos para recibir la ayuda de dependencia, sí son seleccionadas por los concellos para tener a su lado a un cuidador, atendiendo a su falta de autonomía personal.

En ambos casos, el servicio se financia por varias vías: la Xunta, la Diputación de Pontevedra, los concellos y el copago. El alcance del servicio -horas de atención- se fija en función de las necesidades de cada usuario y oscila entre las setenta y las veinte horas al mes, distribuidas a lo largo de todos los días de la semana, fines de semana y festivos incluidos.

El perfil

Los casos más severos de dependencia son los que absorben más recursos humanos. Se trata, en gran parte, de personas mayores que, por su edad, han perdido facultades y movilidad; pero también hay casos de menores con dependencia que reciben esta prestación.

La gran mayoría de los concellos tienen este servicio privatizado. En Vilagarcía, por ejemplo, lo presta la empresa Ferrovial, y en Cambados, Idades. Hay excepciones. Meaño mantiene la gestión directa desde que hace veintidós años empezó a dispensar la ayuda en el hogar. Actualmente cuenta con diez auxiliares para este cometido.

Es este un sector falto de mano de obra especializada. Para tratar de paliar el problema, en Cambados empezó un curso para formar a cuidadores profesionales, para el que ya se han agotado las plazas.

Nieves lava y cocina mientras Luisa le informa de lo que pasa en el mundo

A Luisa Rodríguez la encontramos en la cocina a punto de comer un buen plato de bistecs, siguiendo en directo por televisión los últimos acontecimientos en Cataluña y con el ordenador y varias facturas sobre la mesa. Acaba de recibir una mala noticia. Le van a embargar la cuenta del banco porque no pagó el impuesto de bienes inmuebles en plazo. «Se non o paguei sería porque non mo mandaron», se lamenta. Es un golpe para la economía familiar, pero esta mujer, natural de Castrelo (Cambados) afincada en Dena (Meaño) desde que se casó hace medio siglo, no se va a dejar amilanar por este contratiempo. Por desgracia, ha tenido que lidiar con otros problemas mucho más graves durante su vida. El más letal es la siringomielia, una enfermedad que provoca quistes en la médula y que la condenó a una silla de ruedas. Empezó teniendo dificultades para caminar y con los años, tiene 71, cada vez pierde más movilidad y ya casi no puede levantar los brazos. Actualmente sufre un grado de minusvalía del 86 %.

En este estado le es imposible valerse por sí misma de modo que el servicio de ayuda a domicilio que recibe por parte del Concello de Meaño es desde hace mucho tiempo su salvavidas. Nieves Hermida se presenta a las diez de la mañana en su casa para asearla, hacer la limpieza y los recados que necesite: la compra, pasar por la farmacia, por el banco... Se va a las doce y vuelve a la una en punto para prepararle la comida, la sirve y se va a la una y media hasta el día siguiente.

Así ocurre de lunes a viernes; los fines de semana y los festivos el servicio se reduce a una hora. En total, Luisa recibe sesenta horas mensuales de atención domiciliaria por la que paga 114 euros al mes. Con su pensión de 630 euros, esta cuota le resulta demasiado gravosa, pero la mujer se muestra comprensiva cuando le preguntamos si la parece justa la financiación pública que se destina a la dependencia en este país. «Eu xa sei que non hai cartos para todos, pero eu necesito este servizo, non teño máis remedio», reflexiona.

Desde hace cinco meses su ángel de la guarda es Nieves, pero al cabo de dos décadas recibiendo esta prestación, por su casa han pasado tantas cuidadoras que ya ha perdido la cuenta. De Pilar no se olvida, porque fueron muchos años compartiendo vivencias con ella, aunque de todas tiene un grato recuerdo, cuenta. «Acaban sendo da casa». Nieves asiente. Ella, que en estos momentos atiende a otras dos personas con dependencia, también acaba cogiéndoles cariño a los usuarios, y se ve que por Luisa tiene especial devoción. «É súper intelixente, sabe máis ca min. É ela a que me informa de todas as novas cando chego pola mañá», relata.

Luisa nunca había tenido entre manos un ordenador hasta que hace siete años, cuando enviudó, se vio aislada y decidió abrir una ventana al mundo desde una pequeña pantalla e Internet. Desde el autodidactismo y con alguna ayuda en casa aprendió a manejarse en la Red. Hoy tiene Facebook, escucha música, lee la prensa y gestiona sus cuentas desde el ciberespacio. La televisión la aburre, dice. Y no pierde la sonrisa.

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