Ilustración y diseño, dos vías de un mismo arte

La artista vilagarciana asegura que la moda ha sido su trabajo, pero que el dibujo es su pasión

M. A.
vilagarcía /La Voz

La fotografía es algo que permanece a lo largo del tiempo. Las instantáneas captan un momento muy concreto, como en un intento por detener las horas. Pasan los años y la gente y los lugares que en ellas se plasman van desapareciendo, pero el recuerdo de lo que una vez fueron pervive. Solo las personas con una sensibilidad especial son capaces de entender el proceso artístico de la fotografía. Y muy pocas pueden calcar esas fotografías en dibujos indelebles que simplifican las complejas formas de la realidad hasta traducirlas en los trazos más esenciales.

Miriam Villaronga es una de esas privilegiadas que cuenta con el sentido artístico necesario para componer ilustraciones a partir de viejas postales de paisajes y personas. «Siempre me ha gustado la pintura; estudié el Bachillerato de Artes e incluso dí clases de pintura en una academia para niños», comenta recordando su paso por el mundo de la ilustración. Sin embargo, también tiene otra faceta, que si bien está muy relacionada con ese gusto estético que conserva, es muy diferente: «Estudié diseño de moda y estuve trabajando en ello hasta hace muy poquito, que cerró la empresa». Fue a partir de ese cierre cuando ganó tiempo para dedicarse de nuevo al mundo de la ilustración, que había abandonada por falta de espacio en su agenda, como ella suele decir. «Con mi niño de dos años y medio es difícil compaginar todo», comenta Miriam.

Pese a que siempre había soñado con exponer sus creaciones, nunca había dado el paso para ello. «Tengo un montón de ilustraciones improvisadas guardadas por casa que nunca han salido a la luz; e incluso he tirado algunas a raíz del nacimiento de mi niño, para ganar espacio», dice entre risas cuando recuerda que su familia le pedía encarecidamente que no las tirase. Ahora, gracias a la colaboración y propuesta de Juan Carlos Porto, que curiosamente era su profesor de música en el colegio, ha conseguido mostrar al público sus creaciones con la exposición de las obras en el Salón García de Vilagarcía. «La base de la exposición es mostrar un poco a las gentes lo que fue la localidad y lo que pudo haber sido, a través de su evolución», explica. El proceso creativo fue sencillo: se centró en «copiar las postales que Juan Carlos estuvo buscando de antiguos turistas de la zona». El nombre de la exposición, Vidas Propias, Miradas Alleas, se centra en su reto de «aportar una visión muy diferente de la fotografía, transformando las postales en cuadro para lograr un acabado mucho más artístico».

Además de ilustradora, su trabajo en el mundo del textil se centró en el diseño de moda, especializada en punto. «Fui diseñadora de punto para Purificación García y llevé el departamento de punto de mujer de CH Carolina Herrera», explica. Actualmente, su último trabajo en el sector fue en la empresa Viriato, especializada en prendas de punto y con más de sesenta años de experiencia.

Pese a tener alma de artista, es realista con la situación que le ha tocado vivir, tanto en el mundo de la moda como del diseño, por lo que ha decidido emplear su tiempo en el «estudio de algo más práctico, aunque no tenga nada que ver conmigo: administración». Eso sí, Miriam siempre trata de vincular cada cosa que hace con sus dos pasiones, sirviéndose de sus nueve años de experiencia profesional: «La gente cree que el mundo del textil es sentarse con una revista a ojear ropa, mientras tomas un café y copias vestuario, cuando en realidad es todo gestión y llamar a proveedores», asegura la joven diseñadora, dispuesta a afrontar con entusiasmo la nueva etapa.

«La base de la exposición es mostrar un poco lo que fue Vilagarcía y lo que es hoy día»

«El mundo del textil no es sentarse con un café a copiar diseños; es todo gestión»

 

La exposición

Todas las obras están a la venta, aunque por tratarse de una sala de exposiciones y no de una galería de arte los precios y compradores no se exponen ante el público. Los precios rondan los 100€ debido a la utilización de la plumilla, tinta de gran calidad, en la creación de las ilustraciones. Las piezas están siendo adquiridas en su mayoría por turistas que quieren un recuerdo para sus familiares.

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