La apasionante historia de la Vilagarcía perdida

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

OSCAR VíFER

Juan Carlos empezó buscando fotos de su bisabuelo y, ahora, tiene una colección de 36.000 imágenes de la Perla de Arousa

12 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

No resulta difícil imaginarse la historia que cuenta Juan Carlos. Empieza con un niño -él mismo- mirando una y otra vez la foto de «un señor maior, de gran porte e longa barba branca, sobre unha locomotora de vapor nunha vella estación de ferrocarril», según ha escrito. Aquel hombre era su bisabuelo, Francisco Porto, al que el mismísimo John Trulock envió a Inglaterra para aprender a manejar las locomotoras hermanas de Sara, «Sarita», la primera máquina que circuló por la primera línea ferroviaria de Galicia, que llegaba a Carril. La historia de su antepasado fascinó el pequeño Juan Carlos, que se empeñó en rastrear sus pasos en las viejas fotos que guardaba la familia.

En aquellas imágenes, doradas ya por el tiempo, descubrió Juan Carlos Porto una pasión: Vilagarcía. Una Vilagarcía muy diferente a la ciudad que él conocía. «Empecé a indagar cómo eran los lugares por los que caminaban mis antepasados» y, al principio, cada imagen lo sorprendía. «Yo nací en el año 1961, así que recuerdo el mar en la alameda. Pero ya entonces se había destruido mucho», relata Porto. La ciudad que él conocía poco tenía que ver ya con la Perla de Arousa, aquella villa que a principios del siglo pasado era «un referente del turismo en toda España, una especie de Marbella», que cada cierto tiempo era invadida por los marineros de la armada inglesa. «Imagínate, 5.000 o 6.000 ingleses que desembarcaban aquí y con los que convivíamos durante meses». Muchos de aquellos hombres llegaban con cámara de fotos, una modernidad que aquí aún no se estilaba. Así que Juan Carlos está convencido de que en cientos de desvanes de Inglaterra habrá, perdidas, imágenes de aquella localidad luminosa y amable que engalanaba la ría hace cien años.

«Si tuviese dinero, me iría un par de años a Inglaterra a buscar esas fotos», confiesa Juan Carlos. Lleva años dedicando tiempo y esfuerzo a eso, a recopilar instantáneas de la ciudad perdida. Ha logrado rescatar del olvido unas 36.000 imágenes, halladas en todos los rincones del mundo. Y no es esta una hipérbole: en sus álbumes podemos rastrear fotos llegadas de las islas Británicas, pero también de Holanda, de Alemania, incluso de Canadá. Muchas de esas viejas fotos las ha compartido con el mundo a través de varios proyectos en Internet. Y ahora, ha abordado la titánica tarea de seleccionar doscientas para construir Scenes at Arosa Bay: Vidas propias, miradas alleas, la deliciosa exposición que ayer por la tarde se inauguró en la sala Rivas Briones. La muestra estará abierta hasta el 6 de octubre. «Es una pena que no pueda estar más tiempo», dice Juan Carlos, a quien le gustaría que los alumnos de todos los colegios e institutos de la zona se asomasen a este balcón que se abre sobre nuestra historia más próxima.