Y cinco meses después, Jordi recibe su medalla de subcampeón olímpico

El preparador físico vilagarciano podía ayer al fin tocar en Cracovia su presea en propiedad, conquistada el 20 de agosto del 2016 en Río de Janeiro


Vilagarcía / La Voz

«¡Levantarte y recibir la medalla de plata de Río 2016 es una motivación extra para seguir disfrutando del baloncesto!». Con este caudal de energía positiva se despertaba ayer Jordi Aragonés en su cuenta personal de Facebook a primera hora de la mañana. Palabras que poco después acompañaba con una segunda entrada, en la que colgaba una fotografía de su medalla de plata en la última edición de los Juegos Olímpicos. Una presea por la que tuvo que aguardar exactamente cinco meses. Desde que el 20 de agosto del año pasado alcanzaba la gloria como parte de ese gran grupo humano que las jugadoras y el cuerpo técnico de la selección española femenina de baloncesto han conseguido formar, redondeando un círculo virtuoso iniciado con el título continental en el 2013, y seguido de la plata mundial en el 2014, el bronce europeo en el 2015, y el subcampeonato olímpico del 2016.

La camaradería de la jugadora Leo Rodríguez permitía a Jordi Aragonés inmortalizar aquel 20 de agosto sobre la pista del Carioca Arena de Río de Janeiro la imagen de lo que, hoy por hoy, es lo más grande a lo que puede aspirar un profesional del baloncesto español con su selección. La plata olímpica recién acuñada. Un trozo de metal que trasciende la física para elevar a su portador a los altares de la historia, y que el protocolo de los Juegos limita en la ceremonia de entrega de medallas a las jugadoras. A los integrantes del cuerpo técnico, como Jordi, se les obliga a solicitarla vía administrativa al Comité Olímpico Internacional. Y por lo que se ve, debían de tener un buen montón de trabajo acumulado para tardar cinco meses en entregar un bien tan preciado.

«Ya nos habían avisado de que iban a tardar. Ya sabes, las cosas de palacio van despacio», comentaba ayer Jordi Aragonés desde Cracovia a pregunta de La Voz de Galicia. Claro que, llegados a este punto, «¡lo importante es tenerla ya!», dice quien mira la segunda plata internacional de su carrera con el color de un oro. Y es que, al igual que en el 2014 en Turquía, España tuvo ante sí el hoy por hoy reto imposible para cualquier selección del planeta de derrotar al todopoderoso combinado de los Estados Unidos. En el Carioca Arena, con un 72-101 para los anales de la historia olímpica.

En espera de tener la ocasión de poder reunir su póker de medallas internacionales en su siguiente regreso fugaz a Vilagarcía, Jordi Aragonés está centrado de lleno en estos momentos en su labor en el Wisla Can Pack Cracovia. Con la defensa del título de la Liga Polaca por el buen camino, líderes en solitario con un balance de 13 triunfos y 2 derrotas a falta de siete jornadas para la conclusión de la fase regular, y el Sleza Wroclaw segundo con 12-3. Después tocará disputar unos play-offs, en los que participarán los ocho mejores equipos de la fase regular.

Chequia espera en junio

Antes de ello, el preparador físico trabaja en contribuir a que su equipo consiga acceder a los cuartos de final de la Eurocup. Un objetivo para el que el Wisla Can Pack Cracovia debe al menos mantener su actual sexto puesto en el grupo de la Euroliga al término de los cinco partidos que le restan de su liguilla. Los cuatro mejores de los dos grupos disputan los play-offs de acceso a la final a cuatro por el máximo título continental, el quinto y el sexto tiene la oportunidad de entrar en la carrera por el segundo trofeo europeo; y el séptimo y octavos de los grupos de la Euroliga al término de la fase cierran su participación.

Y después, España. «De la selección como siempre aún no tengo confirmación oficial, pero imagino», continúa Jordi, «que todo seguirá igual y estaré en el cuerpo técnico de nuevo acompañado de los mismos integrantes de los últimos campeonatos» para disputar el Eurobásket. Del 16 al 25 de junio en la República Checa.

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