La esencia del albariño en un bote de mermelada

Una alquimista vilagarciana logra convertir las uvas de las cepas gallegas en un lujo sólido para el paladar


Vilagarcía / La Voz

Por un momento, Yolanda Bóveda pensó que los números se iban a adueñar de su vida. Ella, que trabaja echando las cuentas de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, decidió que necesitaba abrir un paréntesis en su día a día y hacer algo que le permitiese evadirse de tanta matemática. No le costó elegir el camino. «A mí la cocina nunca me entusiasmó, pero la repostería sí, siempre se me dio bien lo dulce», cuenta. Así que echó mano de las recetas de su abuela y de su madre y empezó a hacer mermeladas a la vieja usanza, cociendo la fruta en pequeñas cantidades, utilizando una olla de hierro fundido. No tardó en surgir la idea de compartir esos sabrosos dulces con el mundo. Aunque Yolanda aún no lo sabía, acababa de nacer La mariquita de azúcar, una marca cuidada por dentro y por fuera que ya está en tiendas grumet de varias ciudades gallegas.

Del obrador de esta emprendedora vilagarciana salen sabores delicados y originales; versiones refinadas de las recetas de siempre. Aquí no hay la mermelada de fresa de toda la vida; de esta cocina salen botes de dulce de fresones y hierbabuena a la pimienta rosa, que puede parecer lo mismo pero sabe muy diferente. Y así, hasta once especialidades distintas, exóticas, sabrosas y bajas en azúcar.

En el catálogo hay un producto que brilla con luz propia, y eso que muy poca gente ha podido probarlo: la mermelada de albariño. «El año pasado hicimos una edición limitada, de doscientas unidades. Y nos la compraron toda para una fiesta privada en Marbella», cuenta Yolanda. «Querían algo especial y que marcase la diferencia, así que fue un orgullo que confiasen de esa manera en nosotros. Pero claro, nos quedamos sin producto y mucha gente se quedó sin probar».

A ver qué pasa este año, con la segunda cosecha de esta mermelada de albariño. Volverá a ser la del 2016 una edición limitada a 300 unidades. Su ingrediente principal será recolectado en la finca del Pazo Quinteiro da Cruz, en Vilagarcía. De ella saldrá un fruto que será tratado con mimo y con respeto, dos ingredientes fundamentales para que la mermelada sea un éxito. «La uva no es un producto con el que se suela hacer mermelada, es difícil. Pero pensábamos que la albariña es una uva muy dulce, muy nuestra, y decidimos intentarlo. Así que fuimos probando hasta que dimos con el punto», cuenta Yolanda.

Reconocimientos

Los próximos días serán, para ella, de intenso trabajo en el obrador: estamos en época de vendimia y «en una semana tenemos que tener la mermelada lista». Un atracón de actividad que compartirá con David, su marido y compañero de aventura culinaria. Con él también viajará este fin de semana a Monte Alegre, en Portugal, donde la Cofradía Gastronómica Luso Galaica se reunirá para darle la bienvenida a la vilagarciana que logró obrar el milagro de hacer comestible la esencia del albariño.

No es este el primer reconocimiento que recibe esta alquimista de lo dulce. Este verano, durante las fiestas de su Vilagarcía natal, la Cofradía Rías Baixas reconoció también su apuesta por la mermelada de albariño. «Para mí es muy satisfactorio que la gente reconozca así mi trabajo. Compensa todo el esfuerzo», señala. Y es que ella sigue pasando la jornada laboral entre números y balances, y reserva para sus dulces pasiones buena parte del tiempo libre. «A veces me acuesto a las tres de la mañana», dice. Mirándola, comprobamos que hacer los sueños realidad puede sentar mejor que dormir ocho horas del tirón.

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