La cámara que Hitler le regaló a Franco

Bañada en oro, con una leyenda sobre los Juegos Olímpicos de 1936 y su águila imperial, esta pieza reina en Fexdega


A poco que uno le dé dos o tres vueltas al asunto, acabará comprendiendo por qué alguna gente pierde la cabeza por las antigüedades. De las 30.000 piezas que durante este fin de semana alberga Fexdega, con motivo de la primera feria del ramo en Vilagarcía, la cámara de fotografía que Adolf Hitler regaló a Francisco Franco gana por goleada. Tocar este objeto y pensar que fue utilizado por el dictador, por obra y gracia de uno de los mayores genocidas que haya conocido la Historia, despierta en cualquiera un poderoso sentimiento. Llámenle morbo, interés histórico o simple curiosidad, los relatos y las fechas se materializan y cobran verdadera realidad ante pequeños gestos como este obsequio, que sigue despertando ecos ochenta años después.

La cámara en cuestión es una Laika. Ángel Loza Mariño, de Antigüedades Loza González, explica que apenas se fabricaron unos cuantos ejemplares, que el jerarca nazi empleó para regalar a personajes con los que quería tener un detalle. De color blanco, posee una cobertura de oro que ha perdido su brillo, pero no su capacidad de atracción. Grabada en su parte posterior, una leyenda referida a los Juegos Olímpicos que Berlín acogió en 1936. Que se sepa, Hitler no se la entregó en persona a Franco. Este estaba muy ocupado en agosto de aquel año, recién desatada la mortífera Guerra Civil que acabaría con el Gobierno republicano, legítima y democráticamente elegido, para instaurar en su lugar una cruel dictadura que se extendería durante cuarenta interminables inviernos. «Nos consta que sí tuvo uso», subraya el anticuario, a cuyas manos llegó hace cosa de un par de lustros.

Algo así no tiene precio

¿Cómo fijar el precio de una pieza semejante? «No tiene precio, hasta ahora ni me había planteado ponerla a la venta, depende de muchos factores», indica Ángel. Sobre todo, de que alguien esté dispuesto a desembolsar una cantidad determinada por hacerse con ella.

«Hay interés por piezas soviéticas, pero sin duda la época nazi es la más buscada», refiere José Ramón Hernández, de Antiquo Neton. Las razones que aduce son de las que convencen. «Quien gana una guerra normalmente implanta un gobierno, y los elementos del enemigo derrotado se esconden o son destruidos; en España, por ejemplo, se buscan muchísimo las piezas relacionadas con el Ejército republicano, pero las del nacional en realidad no tanto; con los nazis sucede lo mismo». Uno de los objetos que el anticuario burgalés nos muestra tiene tela. «Es una gola como las que utilizaba la policía nazi; se las entregaron a los guardias civiles que acompañaron a la División Azul para controlar a sus miembros». Algo así como un departamento de asuntos internos, encargado de vigilar a soldados que, en no pocos casos, acudieron como voluntarios al frente ruso para purgar su pasado republicano. «En la oscuridad brilla, tiene fosforescencia». Un poco siniestro.

Una cruz de hierro con hoja de roble y espadas figura bajo la vitrina. Es solo una copia. Una auténtica acaba de ser subastada en Londres por 140.000 euros. Era la penúltima condecoración antes de la cruz de hierro con diamantes. Material de la transición, muebles, juguetes. En Fexdega hay muchas más cosas. Pero estas exudan Historia.

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