Estos son los mensajes que los peregrinos dejan en Valga: «Ya no hace falta que me llames, he conocido a alguien en el Camino»

Rosa Estévez
rOSA ESTÉVEZ VILAGARCÍA / LA VOZ

VALGA

Martina Miser

Caminar hacia Santiago permite reflexionar y tomar decisiones; en la parada de descanso de San Miguel, muchas personas han dejado su firma y compartido sus pensamientos

10 dic 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En el lugar de San Miguel (Valga), justo saliendo de un tramo boscoso del Camino, se construyó hace años una pequeña estructura de madera. Una especie de caseta sin paredes pensada para que los peregrinos pudiesen parar a descansar, si así lo querían, y donde los voluntarios de Protección Civil que se encargaban de sellar las compostelanas pudiesen hacer sus guardias. Con el paso de los años, los listones de madera que dan forma a la estructura se han convertido en un lienzo en el que los caminantes van dejando huella. Y es que, enfilando ya el último tramo de su viaje, los peregrinos parecen tener ganas de dejar un mensaje a quienes vienen detrás. A veces no son más que simpáticos reconocimientos del agotamiento con el que llegan hasta Valga: «A estas alturas necesito unas chuches», escribió alguien, que firmó con el esbozo de una carita triste. «Y yo», contestó con un rotulador de trazo más grueso otro caminante, que replicó la misma cara triste en su mensaje.

Martina Miser

La mayoría de las pintadas son similares a las que podemos encontrar en la puerta de un baño público: un nombre, una fecha. Una especie de huella vital, un «yo estuve aquí» que en el caso del Camino se convierte en un nosotros estuvimos aquí. Son muchos los grupos de peregrinos que estampan los nombres de todos sus integrantes en las vallas de madera, los aderezan con la fecha de su paso por Valga y en algunos casos, añaden alguna opinión sobre la Ruta Jacobea. En los listones de madera podemos encontrar también declaraciones de amor que cruzan el tiempo. Una pareja escribió en portugués, en junio del 2021 el siguiente diálogo: «O mellor do Camiño é facelo contigo. — Sen dúbida, amor». Justo al lado, pero fechado en septiembre de este año, anotaban un nuevo capítulo de su historia: «Outra vez!». Y completaban el mensaje con un corazón.

Martina Miser

Claro que no todos los mensajes son de amor: también hay relaciones que se acaban. «Ya no hace falta que me llames, Mario, he conocido a alguien en el Camino», se lee en otro punto de la estructura de madera. Justo debajo, hay tres letras que parecen iniciales, aunque todo a punta a que son la expresión de un mal deseo para quien no acababa de llamar: J.D.T.

Y es que el Camino está lleno de historias y de personas que cargan mochilas llenas de cosas diferentes. Por eso, en las maderas de San Miguel podemos leer desde frases que parecen sacadas de un libro de autoayuda —«Si no miras no ves»—, a expresiones de arrojo muy castizas —«Ánimo, cojones»—, sin olvidar los sinceros deseos de un «buen Camino para todos. Paz, saúde, amor, alegría».

Martina Miser

Echar un vistazo a las huellas dejadas por los peregrinos nos permite confirmar que la ruta jacobea es internacional: hay mensajes en portugués, en inglés, en francés e incluso los que están escritos en alfabeto cirílico, que parecen envueltos de un halo de misterio, por el simple hecho de emplear grafías que nos son ajenas.

Por este punto del Camino siguen pasando, cada día, numerosos peregrinos. Se acerca el final de un Xacobeo doble que ha supuesto un enorme trasiego de caminantes por la ruta portuguesa, que cruza Valga y Pontecesures. Dos localidades que también son atravesadas por la ruta fluvial que remonta el Ulla y el «Mar de Santiago».