El primer aceite del Baixo Ulla se adelanta una temporada

A la cosecha de aceitunas de Setecoros de ayer le llaman el anticipo. O el año cero. Nadie contaba que llegase tan pronto

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Valga/ La voz

Todo trabajo recoge sus frutos. La frase viene que ni pintada para la escena que pudo verse ayer en Valga. Concretamente, en Setecoros. Los ochocientos olivos que se plantaron a un lado de la iglesia para sacar provecho de la tierra dieron ayer sus primeras aceitunas. «Es un regalo de la naturaleza», señala Paulino Sánchez, el párroco del lugar y cabecilla de esta iniciativa. Y es que los frutos se han adelantado un año. La de ayer no fue una recolección programada: «es un anticipo, el año cero, la recolecta se adelantó por la climatología y el cronograma de actividades que facilitó la crianza de los árboles», indica Sánchez, quien no disimula su sorpresa con la cantidad de aceitunas recogidas: 150 kilogramos. «Estamos obteniendo más de lo esperado». Y eso que solo el 20 % de los olivos dieron fruto en esta cosecha repentina. Las cifras que calcula para el futuro se disparan. «Lo lógico, entonces, es que el año que viene se recojan unos 2.000 kilogramos», relata.

Las labores comenzaron ayer temprano. A las 08.30 horas ya se había puesto un equipo de tres personas manos a la obra. Por ser la primera vez, recurrieron a la empresa que les asesora. Contaban con no tardar más de una hora pero la abundancia de fruto hizo que la jornada se alargase hasta media mañana. Tras la recolección, las aceitunas viajaron a Ourense. Hoy ya estarán embotelladas. «En una de las tres visitas de campo que hicimos para decidir que plantar en estos terrenos, un agricultor nos puso en contacto con la empresa», recuerda el párroco de Setecoros. Echa la vista atrás y percibe un enorme cambio: «Ya solo el impacto medioambiental que los olivos generaron es un detalle importante». Para hablar de rentabilidad económica, todavía le parece pronto. «Hasta el sexto año la primera preocupación es la crianza, si el árbol no esta consolidado, no habrá frutos», señala. Pero, una vez haya ganancias, se destinarán a «pagar las obras se restauración que se están llevando a cabo en la parroquia».

Peculiaridades

La división del terreno en tres parcelas para dar cabida a tres variedades de aceitunas es una de las características diferenciadoras de esta plantación. Es esta peculiaridad la que ha servido de inspiración para bautizarlo como el olivar de la concordia. De los distintos tipos, la arbequina española fue la que más frutos dio en esta primera recolección. «Eso no significa que, en el futuro, siga siendo así», matiza Paulino Sánchez, en alusión a la cobrançosa portuguesa y el frantoio italiano. Esta primera recogida les servirá para hacer estimaciones y testar la calidad del producto. Confía en que no defraudará. «Cuando hablamos de olivos, se nos viene a la mente Andalucía, pero aquí se hacen otras variedades», señala. Unas variedades «por las que están mostrando su interés las empresas de productos gourmet». Sabe bien de lo que habla. Son socios de la Asociación de Productores de Aceite y Aceituna de Galicia (APAG), que está recibiendo las solicitudes de estas empresas para trabajar con productos gallegos.

Cuando las cosas van viento en popa, una cosa lleva a la otra. «Desde APAG están tramitando la obtención de una denominación de origen de aceite gallego, para ofrecer en el mercado un producto que garantice que está cosechado y elaborado en Galicia», explica el párroco. No es en lo único en que están trabajando desde la asociación: «también se quiere buscar un almacén para la zona de Pontevedra y evitar tener que ir hasta Ourense». Un cambio, ahora que todo apunta a que el olivo de Setecoros no solo resplandece, del que se verían beneficiados. Mientras tanto, su primer aceite cambia de provincia para ver la luz.

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