VALGA / La voz

No pasan desapercibidos. Van con paso firme y saludan a cámara cuando perciben el interés que suscitan. Sus zancadas en dirección a Santiago por el Camino Portugués no llamarían la atención de no ser porque no se dejan de ver pies. «Tardamos más de 45 minutos en adelantarles», señala un grupo que pasa por el mismo punto minutos antes. Puede parecer un adelantamiento forzado o una exageración, pero cuando uno se encuentra por fin con el pelotón da crédito a sus palabras. Suman 1.250 personas de distintos rincones de España. Las banderas que cargan algunos de ellos dan más pistas: País Vasco, Canarias... Con tal cantidad de gente, es difícil que alguna comunidad se quede sin representación.

Charlan, escuchan música o rezan en pequeños grupos, mientras que Protección Civil de Valga y el Seprona vigilan que no haya ningún altercado. «Normalmente se acerca una persona hasta el camino para comprobar que todo está bien», señala José Manuel Otero (Caamaño), jefe de la Policía y Protección Civil de Valga. Ayer, fueron cuatro. Son los menos sorprendidos. Todavía recuerdan cuando, en 2010, vieron pasar a un grupo de 800 personas y a otro de 1.000 en la misma semana. Desde entonces, no volvió a producirse un desplazamiento en masa semejante.

Quienes si confesaron quedarse extrañados de encontrarse con un grupo tan grande fueron el resto de peregrinos que recorrieron ayer la etapa que va desde Caldas hasta Padrón. Fueron madrugadores. Y, el inmenso grupo tuvo algo que ver en ello: «Nos informamos de que salían de Caldas a las 07.30 horas y decidimos salir media hora antes», explica un grupo de amigas de Madrid. Andrea Núñez, Cristina del Río, Carmen Rubio y Laura García son solo cuatro de los muchos peregrinos que hacen hincapié en las dificultades para adelantarles. Tampoco son las únicas en bromear con el susto que se llevaron cuando supieron de su existencia y temieron quedarse sin cama en alguno de los albergues. Pero, no había de que preocuparse: a la falta de espacio para alojarse, el grupo que inició su camino en Tui arregló con tiempo la noche en pabellones y otros espacios de grandes dimensiones para pasar las noches.

«Es cuestión de organizarse con la duchas», señalan nueve amigas de entre 17 y 19 años de Málaga sobre las complicaciones que puede tener viajar como parte de un grupo tan grande. Solo de su diócesis son 200 personas. «Somos la más numerosa», explican. Están encantadas con la cantidad de gente que están conociendo y con el camino en si. Hay gente de todas las edades, pero la mayor parte son jóvenes. Aunque salta a la vista, así lo destaca también José Manuel Marhuenda, de Valencia. «Cuando se apostó por Santiago para celebrar la asamblea de Acción Católica, surgió la idea de realizar el camino desde Tui». La idea cobró formó y, ahí están, a un paso de Santiago, a donde llegarán hoy para reunirse en el colegio La Salle hasta el próximo domingo para aprobar los objetivos del próximo cuatrienio. Marhuenda, que ya había recorrido el Camino Francés, señala que «esta es una experiencia muy diferente, que permite reflexionar conjuntamente». El lema escogido para el recorrido es, así, «salir, caminar y sembrar siempre de nuevo».

Parte del éxito del recorrido de estos días lo garantizó la buena organización: un autobús, un coche escoba y un coche con megafonía y botiquín del que están a cargo las hermanas Beatriz y Cristina Díaz. Son solo dos de las voluntarias que están haciendo que la llegada a Santiago vaya según lo esperado. Encargados del reparto de comida y de la limpieza y enfermeros llegan hoy también a su destino. Lo hacen dejando el camino un poco más vacío pero, ya lo avisa Caamaño, cada vez son más los pies que lo recorren. Y lo disfrutan.

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Un millar de peregrinos caminan juntos hacia Santiago