El hombre que hizo gallega a Carmina Burana

La cantata, por primera vez traducida a nuestra lengua, será presentada en Valga este verano


valga / la voz

El profesor de música. Esa es la mejor manera de presentar a Manuel Villar, el hombre que ha logrado colocar a Valga en el mapa sonoro de Galicia. Él está detrás de ese maravilloso milagro que es la escuela municipal de música, que en los bajos del auditorio de Cordeiro se ha convertido en una cantera de talentos. Y él es el que, batuta en mano, se pone delante de la banda de la localidad concierto tras concierto. Ahora, Manuel Villar se ha embarcado en un proyecto colosal, casi titánico: el montaje de Carmina Burana. Les sonará el nombre, aunque solo sea gracias a aquel conselleiro de Cultura que, hace unos años, desataba la hilaridad nacional al aplaudir a «Carmina Burana, una de las buenas cantantes de Galicia».

Resbalaba con esas palabras el conselleiro cuando pretendía publicitar un concierto de la Sinfónica de Galicia que ha sido, hasta ahora, la única que aquí se ha atrevido con la colección de cantos medievales musicados, a principios del siglo XX, por Carl Orff. «Pero eles fixérona en latín», matiza Villar. Su propuesta, que será presentada el 3 de julio al público, va aún más allá. Es «unha tradución íntegra dos textos medievais ao galego, con música do século XX feita por músicos galegos e pensada para o público do século XXI, con máis de 150 artistas no escenario». Ahí es nada.

A Manuel Villar este proyecto lleva tiempo dándole vueltas en la cabeza. Era una de esas ideas que regresan cada vez que bajamos la guardia, y el verano pasado empezó a tomar cuerpo. Se alquilaron los derechos para su representación y, a partir de ahí, comenzaron largas jornadas de trabajo. En ellas, Manuel no estuvo solo: se había buscado una buena tripulación. Empezando por Raúl Gómez, licenciado en Filoloxía Clásica y profesor de Latín, sobre el que recayó la misión de traducir las palabras escritas hace siglos por monjes y juglares. Imaginarán que semejante trabajo llevó su tiempo. «Non era só traducir o texto. Con el xa en galego, tivemos que facer a adaptación musical... Foron moitas horas, moitas noites ata as tres ou catro da madrugada pasando frase a frase», hasta conseguir que palabra y música se fusionasen con la armonía escrita por Carl Orff.

El esfuerzo mereció la pena. Manuel y Raúl descubrieron la magia de unos textos en los que se habla de amor, de vino, de vida. «Son unhas letras moi actuais, que van sorprender á xente, seguro», dice el maestro mientras las repasa con la mirada, recitando algunos pasajes con el énfasis de un auténtico devoto de los versos medievales. Con esa parte del trabajo resuelto, apenas hubo tiempo para coger aire y seguir avanzando. La meta no se cruzará hasta el 3 de julio, cuando se presentará la pieza. Sobre el escenario se moverán 150 artistas. A fin de cuentas, hablamos de una cantata escénica para tres solistas, un coro de niños, orfeón y banda sinfónica.

Buen conocedor de todo el talento que hay en Valga, Manuel Villar -ahora convertido en director artístico de Carmina Burana- decidió apostar por los integrantes del coro infantil de la escuela municipal de Música; y por los integrantes de la banda municipal. Lo que no podía cubrir con recursos propios, lo buscó alrededor, eligiendo entre los mejores profesionales de Galicia: el Coro Gli Appassionati (Vigo), la soprano Esperanza Mara, el tenor Enrique Alberto Martínez y el barítono Eliseu Mera.

Todos llevan tiempo trabajando con las partituras y el libreto. Todos saben bien qué le toca hacer y en qué momento. Aún así, es necesario abordar el ensamblaje final. Hacia finales de mes, las piezas se irán reuniendo. Primero poco a poco, con ensayos «a la italiana». Luego, todos juntos. Serán esos los ensayos generales, que tendrán lugar el jueves 30 y el viernes 1. Luego llegará la hora de la verdad. Cualquier otra persona estaría al borde de un ataque de nervios. Puede que Manuel también lo esté. O no. Su fe en el trabajo serio y riguroso, en el esfuerzo y la música, es inquebrantable.

Dirige la escuela de música de Valga y lleva la

batuta en la banda de la localidad, que se ha convertido en un cantera de grandes artistas.

Se ha especializado en hacer magia y en sacar adelante grandes proyectos con los recursos justos. Esta vez, se atreve con una pieza de Carl Orff con la que solo se ha atrevido, aquí, la Sinfónica de Galicia.

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