Peregrinación por el camino de Babel

El punto de atención al peregrino de Valga es testigo de que la ruta portuguesa es cada vez más universal. Llega gente de todo el mundo: desde Islandia a Arabia Saudí, de Sudáfrica a Filipinas


vilagarcía / la voz

«Aquí la hora punta es al principio de la mañana. Luego la cosa va bajando». Habla uno de los voluntarios de Protección Civil que ayer hacían guardia en el punto de atención al peregrino situado a unos metros de la iglesia de San Miguel de Valga. Aún así, cuando el reloj frisa las once y media de la mañana, en ese apacible rincón, envuelto en todos los colores que brinda la primavera gallega, el trasiego de gente es imponente. Los grupos de caminantes se solapan, se mezclan mientras aguardan para sellar sus carnés del Camino, levantando un murmullo en el que tienen cabida todos los idiomas, todos los acentos.

Si las pistas de San Miguel de Valga se han convertido en la versión idílica de la Quinta Avenida es por obra y gracia del Camino Portugués. La ruja jacobea que llega desde el Sur está estos días abarrotada. Los datos recabados en el punto de atención al peregrino son reveladores: de lunes a sábado pasaron por allí 1.710 personas. De ese total, más de la mitad son extranjeros (887). ¿De dónde vienen? Pues de todos lados. Muchos, 582, vienen de Portugal. También abundan los alemanes (73). Pero el Camino es una suerte de ONU, ya que por él han circulado caminantes llegados de Islandia, Lituania, Malta, Sudáfrica, Filipinas, Japón... Hasta Arabia Saudí ha estado representada en esta Semana Santa.

En cuanto a la selección española, también es variada. De los 803 peregrinos aquí nacidos, los gallegos son mayoría, pero por los pelos: fueron 193, frente a 192 madrileños. «Pasou xente de todas as comunidades, sacando o País Vasco, a Rioxa e Ceuta e Melilla», cuenta el responsable de Protección Civil de Valga.

En los albergues

Teresa Padín, la responsable del albergue de peregrinos de Valga, también tiene estos días más ajetreo del acostumbrado. «Esta Semana Santa hai bastante máis xente que outros anos». El suyo no es un albergue de fin de etapa: debido a la proximidad con Padrón, la mayor parte de los peregrinos apuran para llegar a hacer noche en la localidad del otro lado del Ulla. Aún así, este año los que se quedan en Valga son más que de costumbre. «O mes pasado tivemos 191 persoas», relata Teresa. Eso no es nada si se compara con los datos de los primeros cuatro días de abril. «Xa levamos un cento de pelegríns».

¿Qué será lo que tiene el Camino para estar más poblado año tras año? Nadie puede responder mejor a esa pregunta que los propios caminantes. «No tiene nada y tiene todo... La primera vez que lo hicimos fue por curiosidad, porque el camino interior a Santiago nace en un sitio de Portugal muy próximo a nuestra ciudad y decidimos probar. Fue el año pasado, y este volvemos por una necesidad que es difícil de explicar». El relato es de Luis Amaral, uno de los cuatro integrantes del club ciclista Dágás, con base en Mangualde (Portugal).

José Luis nació en Tui el 25 de julio de hace unos cuantos años. Lleva media vida instalado en Barcelona. Esta Semana Santa ha decidido hacer el Camino junto con su pareja, unos amigos, y los hijos adolescentes de ambos. «Todo el mundo nos hablaba muy bien de esto, de que era una experiencia muy bonita... Además nos gusta el deporte». Mari, una de las integrantes de la expedición, se lamenta de que se le han acabado las tiritas que le ayudan a soportar las heridas de sus pies. «Eso es lo que peor llevamos, lo de los pies», dicen los mayores del grupo. Desde detrás de sus gafas de sol, Carlos e Iker esbozan una sonrisa socarrona. «Hacemos el camino para encontrarnos a nosotros mismos», dicen a modo de chanza. Luego confiesan que «hemos visto unos sitios chulísimos».

El paisaje también ha enamorado a los integrantes del ruidoso grupo que encabeza Juan José, Mayeto para los amigos. Son casi todos de Hellín, un pueblo de Albacete, «aunque cada uno vive en un sitio distinto. Nos reunimos un par de veces al año y esta vez se nos ocurrió hacer el Camino para irnos de vacaciones de una forma distinta». Eligieron la ruta portuguesa «porque no queríamos hacer el Camino Francés, que a lo mejor está más masificado». A fin de cuentas, ellos lo que quieren es caminar, charlar, ponerse al día e «ir parando de bar en bar a tomar algo y a disfrutar, que de eso se trata».

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