El Seprona rescata a un zorro okupa que vivía en la Pousada de Ribadumia

El raposo estaba en uno de los patios interiores del edIficio

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El Seprona pone en libertad a un zorro que rescató en la Pousada de Ribadumia El animal estaba en uno de los patios interiores del edificio

vilagarcía / la voz

Fue un vecino el que dio la voz de alarma. Alguien vio como un zorro se convertía en el primer huésped de esa Pousada de Ribadumia que está cerrada y que constituye el perfecto ejemplo del «ti vai facendo» que tanto se estilaba. La persona dio aviso al Seprona y allí se personaron los efectivos de los cuerpos de seguridad para comprobar si la alerta era cierta y había un okupa de cuatro patas disfrutando de las instalaciones.

Y es verdad que lo había. Cuesta dilucidar si por accidente o si por costumbre -no hay que desdeñar la legendaria inteligencia de este animal, que escogió uno de los edificios más singulares del lugar para pasar unos días-, pero lo cierto es que allí estaba el zorro. Lo localizaron en uno de los patios interiores de la edificación y en aparente buen estado. En definitivas cuentas, no parecía vivir mal el zorro en la Pousada, si es que ese era su lugar de refugio habitual. Una vez localizado, tocaba atraparlo para devolverlo a su hábitat natural. A ello se pusieron los efectivos del Seprona y pronto consiguieron capturar a su presa.

El siguiente paso era llevar al animal a un lugar más apropiado para sus intereses, algo más alejado de los humanos, ya que no acostumbramos a tratarlos demasiado bien -solo hace falta leer el diccionario para comprobar el cariño que les tenemos-, y, también, de los vehículos.

Perfectamente ubicado en un transportín para animales, el zorro «okupa» emprendió una nueva aventura, pero esta vez sobre cuatro ruedas y no sobre cuatro patas. Los agentes del Seprona escogieron el que parecía un lugar ideal para su nuevo compañero de viaje y lo soltaron. Mientras uno le abría el transportín otro decidió grabar su marcha en un vídeo. Y se pudo ver en él que el raposo parecía estar cómodo dentro de su casa provisional, de la que al principio no parecía muy dispuesto a salir. Después de varios intentos, por fin el animal saltó de su pequeña jaula y, tras recorrer unos metros por la vía forestal, enseguida trepó hacia el monte y se internó entre los toxos sin mayor dilación.

Así acabó un día muy especial para el zorro «okupa». Habrá que estar atentos para comprobar si su presencia en la Pousada fue algo circunstancial o si el animal regresa al edificio para volver a instalarse en él. Entre una madriguera en medio del monte con la que está cayendo y una habitación con vistas en un hotel para uso exclusivo no hay muchas dudas. Y no hay que olvidar que los zorros son muy listos.

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