«Eu sufrín malos tratos, e agora quero axudar a quen pasa por iso a saír adiante»

Dos mujeres que sufrieron violencia machista están entre los voluntarios que apoyan a las víctimas en Ribadumia


ribadumia / la voz

Han pasado quince años desde que la mujer que tenemos delante consiguió reunir fuerzas para remontar los siete círculos del infierno, romper con su maltratador y recuperar su vida. Aquel viaje le dejó huella; hay cosas que nunca se olvidan. Como el no haber asistido al entierro de su madre. «Non me deixou ir; ameazábame con quitarme ao neno. Era a arma que usaba para terme amarrada a el», cuenta esta mujer de ojos oscuros. No puedo decirles su nombre. «Teño unha filla pequena, non sabe nada de todo isto. Algún día terei que contarllo, pero quero facelo cando sexa o momento adecuado, explicándollo ben todo». Porque si hay algo que nuestra protagonista ha aprendido es que no hay nada que beneficie más a los maltratadores que el silencio. El pesado silencio. También sabe quien nos habla que para romperlo hace falta fuerza, y ayuda. Por eso, cuando el Concello de Ribadumia puso en marcha el plan Conta Comigo para formar voluntarios que apoyen a las víctimas de violencia machista, fue de las primeras en ir a apuntarse.

«Levo moitos anos querendo facer algo, axudar dalgunha maneira a que a xente non pase polo que eu pasei». Su pesadilla empezó como un bonito cuento de juventud y enamoramiento. Hasta que el chico ideal quiso controlar todos sus movimientos, invadir hasta el último rincón de su espacio personal. «Tiven que deixar un traballo porque me levaba ben cun compañeiro e el non o soportaba». Y así, un montón de renuncias que cada vez la aislaban más. Fue entonces cuando empezaron los golpes. «Un día saín dar un paseo co meniño. Cando volvín a casa el xa chegara. Empezou a pegarme diante do neno. Foi media hora de golpes». Fue, también, el momento clave en el que esta mujer decidió dejar de ser víctima. Se fue con su familia. «Ao principio, cando alguén me botaba o brazo polos ombros, ou me abrazaba, o meu fillo, que tiña dous aniños, choraba, porque pensaba que me ían pegar».

Esta historia fue una de las muchas que escucharon, de la voz de sus protagonistas, los ribadumienses que se han formado para convertirse en una primera línea de defensa social contra los malos tratos. Son un grupo heterogéneo. «Eu contaba con que foramos todas mulleres, pero alegroume moito ver que tamén había tres homes apuntados», cuenta nuestra protagonista. Ella compartió su experiencia con todo el grupo. Una segunda voluntaria, también víctima de malos tratos, hizo lo mismo. Y otras mujeres que habían pasado por sus propios calvarios acudieron a relatar sus historias. El ejercicio, aseguran quienes pasaron por ese trance, fue revelador, conmovedor. Y duro.

El testimonio de las víctimas es solo una de las partes de la formación que este grupo ha recibido. Ahora, sus integrantes son capaces de detectar esas señales de alerta que a veces se nos escapan. Están preparados para afrontar situaciones difíciles y para acompañar a las víctimas cuando lo necesitan. Hay quien no tiene a nadie que le sirva de apoyo. No fue el caso de nuestra protagonista. «Eu tiña á miña familia, pero non sempre é a mellor solución. Eles estaban tan destrozados coma min, e cando tiñamos que ir ao xulgado ou a algún sitio así, en canto aparecía a miña exparella saltaban chispas e a presión era insoportable». Por eso, explica, le parece tan importante el programa creado en Ribadumia. «Alivia moito a presión sobre as familias, e tamén sobre as vítimas. Oxalá eu tivera alguén así a quen acudir no seu momento. Non terían sufrido tanto os meus», cuenta.

Dos de sus compañeros en el programa Conta Comigo le dan la razón. Después de todo lo que han visto y oído son capaces de entender cosas, realidades, miedos, de los que hasta entonces no eran conscientes. Han podido entender cómo una mujer no llegó a recoger a su hijo en una visita concertada «porque antes de entrar vio el coche de su maltratador aparcado en la puerta y entró en pánico. Por eso la figura del acompañante es tan importante. Si alguien hubiese ido con ella, las cosas habrían sido diferentes», relata Andrés Rey, otro de los participantes en el proyecto.

La formación recibida también les ha permitido convertirse en radares capaces de detectar situaciones problemáticas. Síntomas, gestos que delatan que una relación está entrando en zona de peligro. «De esos ya nos hemos encontrado algunos casos. Lo que hacemos es informar a las personas afectadas de las opciones que tienen, de los servicios a los que puede recurrir... Porque hay muchos servicios de los que la gente no es consciente».

«Ese traballo de prevención, de evitar que as relacións problemáticas acaben derivando en malos tratos, é un dos obxectivos deste proxecto», explica el concejal Enrique Oubiña (Somos). En estos momentos, Conta Comigo ha permitido que diez detectores del machismo estén ya activados en varios puntos de este pequeño municipio de O Salnés y que un buen puñado de locales sean zona segura. Y quieren ir a más, seguir creciendo, hasta tejar una malla que aísle a los maltratadores, que proteja a las víctimas. En ello está Ribadumia. Sin demasiadas ayudas institucionales, por cierto.

«Educamos ás nosas fillas para que teñan coidado, pero non aos nosos fillos para que teñan respecto»

Na miña familia sempre me educaron para ser unha persoa libre, independente, coas miñas propias ideas», cuenta Irea Lareu. Con el paso del tiempo, esta joven fue interesándose, cada vez más, por la lucha por los derechos de las mujeres. Por eso, cuando se enteró de la existencia del programa Conta Comigo, no dudó en dirigirse al Concello para apuntarse. No iba sola. La acompañaba su padre José Manuel Lareu. Un hombre que llevaba tiempo preguntándose qué granito de arena podía aportar en la lucha contra la violencia machista. «Non sei se ela tirou de min ou eu tirei dela; creo que foi de común acordo», relata. Y puede ser, porque este padre y su hija parecen entenderse solo con la mirada.

Ambos aseguran que la experiencia ha sido muy enriquecedora. «Para nós, a nivel persoal, porque compartimos tempo e experiencia», dice ella. Irea, que había firmado su trabajo de fin de carrera de periodismo sobre la violencia machista, no se imaginaba lo mucho que la iban a impactar las sesiones formativas. «Eu levaba unha base importante, pero non é o mesmo ler ou estudar datos, que escoitar ás vítimas falar do que elas pasaron», relata. Su padre le da la razón. Él reconoce que algunas de las historias a las que tuvo que hacer frente lo dejaron impactado. Y que las lecciones más teóricas le dieron, también, mucho que pensar. «Hai cousas que me decatei que eu facía e que son machistas, aínda que non me decatara. Por exemplo, dicirlle á miña muller iso de ‘deixa iso que o faga eu, que ti non sabes’». Su hija lo tranquiliza. «É difícil non ter ningún comportamento machista, porque é algo que temos inculcado», reflexiona.

Y eso solo se cambia con educación, educación, educación. «Outra das cousas das que me decatei é de que educamos ás nosas fillas para que teñan coidado, para que se protexan. Pero non educamos aos nosos fillos para que teñan respecto. E iso é algo que temos que cambiar. Canto antes».

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«Eu sufrín malos tratos, e agora quero axudar a quen pasa por iso a saír adiante»