Ribadumia cuenta casi con un punto de luz por cada uno de sus habitantes

Según los datos de la encuesta de infraestructuras locales, tiene más que Vilagarcía


vilagarcía / la voz

Sucedió hace veinte años en un concello de la comarca. Un hombre compró un terreno con la intención de construir una casa en él. Todavía no se habían puesto los primeros ladrillos cuando el alcalde ya ordenó que allí se colocara un punto de luz. La máquina de iluminar es tan poderosa como la de asfaltar y eso lo saben bien los políticos.

Y puestos a iluminar gana por goleada en la comarca de O Salnés Ribadumia, donde prácticamente cada vecino podría tener su farola. Según los datos de la encuesta de infraestructura y equipamientos locales, la localidad, que recordamos que está en la frontera de los cinco mil habitantes, cuenta con 4.276 puntos de luz.

Algo más de cuatro mil puntos de luz para cinco mil habitantes, ¿son muchos o pocos? Pues sumemos cuántas hay en total en los concellos de O Salnés y el Baixo Ulla. Algo más de veintidós mil aparecen en la encuesta de infraestructura y equipamientos locales.

Primer puesto destacado

Tras la exuberancia lumínica de Ribadumia aparece en la relación Vilagarcía que cuenta con apenas 4.000 puntos de luz, 4.001 en realidad. No parecen muchos teniendo en cuenta lo que sucede con sus concellos vecinos, que no llegan al poderío ribadumiense pero sí tienen un buen ratio de puntos de luz por habitante. Cambados y Vilanova prácticamente tienen los mismos y a la cola de la clasificación aparecen A Illa y Pontecesures.

Ribadumia gana con claridad en la comarca, pero esos 4.276 puntos de luz son poca cosa si se comparan con los 14.520 de A Estrada, un concello muy extenso y que cuenta con medio centenar de parroquias. Mos, Ponteareas, Lalín, Silleda o Sanxenxo también superan a la localidad ribadumiense atendiendo a los datos que ofrece la encuesta de infraestructura y equipamientos locales.

Aquella pugna entre Vilanova y A Illa por el encendido del puente

Las farolas son material arrojadizo. Miguel Ascón recordaba hace unos días en las páginas de la edición de La Voz en Ourense lo que sucedió en 2009 en el concello de A Veiga, cuando su exalcalde, Fernando Fernández, del PSOE, denunciaba que, tras ser relevado por una moción de censura, su sustituto, del PP, ordenó apagar seis farolas a la entrada de su pueblo.

En la comarca arousana hubo también una buena dosis de polémica a cuenta del alumbrado público. Surgió el problema con el puente de A Illa prácticamente desde su inauguración. Los vecinos isleños hacían una peregrinación semanal cada viernes con candiles reclamando que Vilanova encendiera su parte.

Muchos años después, en el 2010, renació la polémica cuando concluyeron aquellas obras. El puente recobró la luz, pero solamente en la parte que le correspondía al concello de A Illa. Las reclamaciones llegaron a la Xunta, que optó por lavarse las manos y dejar la decisión en manos de Vilanova.

Las farolas apagadas

Con ser el del puente de A Illa un caso extraño, lo es más aún el de las farolas que jalonan parte de la circunvalación de Vilagarcía y que nunca se encienden. El de la rotonda de Baión es uno de los puntos en los que la iluminación está siempre apagada.

Lo curioso del asunto es lo que pasó hace unos años a escasos metros de allí las farolas alumbraban toda la noche en el polígono de Baión a toda una serie de parcelas que estaban vacías y cubiertas de vegetación. La razón la explicaba el alcalde, Gonzalo Durán, en La Voz. «Las farolas están encendidas porque cuando estuvieron apagadas nos robaron todo el cobre del polígono y hasta las tapas de alcantarilla», argumentaba el regidor.

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