La lamprea más esquiva

La fiesta cesureña llega marcada por la incertidumbre sobre si la materia prima será suficiente


«A proverbial escasez da lamprea». El alcalde, Juan Manuel Vidal Seage, utiliza esos términos cuando se le pregunta por los problemas que se surgen durante los preparativos para la Festa da Lamprea que esta semana estrena formato en Pontecesures. El certamen gastronómico, que abandona la carpa del puerto para refugiarse en diez establecimientos hosteleros de la villa, estará marcado una vez más por las dificultades que los valeiros están encontrando para capturar ejemplares de este extraño ser.

Así lo reconoce el presidente del colectivo, Antonio Pesados. «Este ano non hai lamprea ningunha. De feito, hai barcos que xa deixaron de ir a ela porque non lles compensaba», relata. Y es que en los butrones caen, en los mejores días, una o dos piezas, que si son de buen porte pueden alcanzar los 40 euros en primera venta. «O río baixa case sen auga. E a lamprea quere auga no río e se hai vento norte, aínda mellor», cuenta el valeiro.

Los diez establecimientos de hostelería que viernes y sábado servirán tapas de lamprea, y el domingo tapas o raciones de este pescado a la bordelesa, deben estar haciendo acopio de producto para atender la demanda que se avecina. Este año, el Concello les ha confiado el grueso del trabajo de la fiesta. Y lo ha hecho, explica el alcalde cesureño, porque están convencidos de que la celebración debía sufrir un cambio radical. «A lamprea non é un produto que se poida servir nunha carpa. É unha delicatesen que pide mesa e mantel», razona el regidor. Así que este año se va a hacer una prueba que, dice Vidal Seage, le valdrá alguna crítica «porque son moitos anos de facer a festa debaixo dunha carpa». Pero el cambio es necesario, porque «ese modelo de festa gastronómica, dalgún xeito, está agotado».

Los objetivos buscados

Y en el caso de la lamprea, aún más, ya que «limitaba moitísimo. Nunha mesma familia hai xente que come lamprea e outra que non a pode ver diante. E na carpa non había alternativas, así que ao final moitos viñan, collían as lampreas, e levábanas para casa». La fiesta, dice, corría el riesgo de convertirse en un despacho de lamprea que no dejaba en el pueblo los beneficios debidos. Por esa razón se le ha querido dar una vuelta y confiar a los restauradores la preparación y gestión de la lamprea del Ulla, dándole un nuevo aire al certamen. La celebración del día grande se ha acercado, también, a la del Tapea Lamprea, para evitar que un evento apague el tirón del otro.

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