El Moderno: cien años conquistando por el paladar a vecinos y visitantes en O Grove

leticia castro O GROVE / LA VOZ

O GROVE

Mari Piñeiro, Maria José Piñeiro y Laura Sancho en el aniversario de la casa de comidas El Moderno
Mari Piñeiro, Maria José Piñeiro y Laura Sancho en el aniversario de la casa de comidas El Moderno Martina Miser

La tienda de comida para llevar de la calle Castelao conmemoró su centenario

13 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El Moderno es uno de esos negocios mediante los cuales puede contarse la historia de O Grove. Ubicado en la zona peatonal de la calle Castelao, el despacho de comida para llevar que hoy regenta la cuarta generación de la familia Prol Domínguez cumplió ayer cien años de historia. Todo empezó en el año 1926, cuando el abuelo de María José Piñeiro, tras regresar de Cuba, compraba la finca en O Patán, que era como le llamaban por aquel entonces a la Castelao, una zona pantanosa que recogía las aguas que bajaban del Monte da Vila. Allí levantó un restaurante con habitaciones que decidió llamar Moderno, en un edificio modernista construido por Anselmo Millán con una preciosa fachada que recuerda a muchos de la época, algunos todavía en pie. A su lado florecían algunos negocios más, una barbería, una carpintería, una escuela o la Taberna de Lola.

Allí recibían a aquellos primeros veraneantes que llegaban a A Toxa atraídos por el poder benéfico de las aguas termales. Era un negocio de temporada, pues la familia se dedicaba en invierno a la exportación de pescados y mariscos, y además explotaba un vivero de almejas.

Con la muerte de José, su mujer repartió la herencia, dividiendo la casa en tres partes. Pepita, una de las hijas, se encargó del Restaurante Moderno hasta el año 1979, momento en el que hizo su casa, y se echó abajo el inmueble antiguo. En la otra parte, la que le tocó a la madre de María José, se hizo la tienda de comida para llevar en 1993, que comenzó llamándose O Forno de Piñeiro. El establecimiento había nacido, en realidad, en la calle Portiño, en O Corgo, aquel mismo año. Allí estuvo durante un verano y al año siguiente regresó a la ubicación original, con el mismo nombre.

María José y Mari eran las dueñas y almas de un negocio que quería huir de la hostelería pero mantenía la vocación original: alimentar a vecinos y veraneantes con recetas de comida casera, con las que ellas han triunfado durante los últimos treinta y tres años. No fue lo único que conservaron, pues entre los platos que sirven —reflejados en una carta con más de treinta elaboraciones, novedades y menú aparte— están muchos de los que cocinaba la abuela a finales de los años veinte del siglo pasado: el guiso de ternera, la merluza a la romana, la ensaladilla, el jarrete estofado, los pescados al horno, la paella. Platos que junto al bacalao al horno o el bufé clásico con albóndigas, jamón asado, menestra o tortilla, siguen conquistando a la clientela.

El secreto de mantenerse a flote, dicen, es tener cada día la comida recién hecha, elaborada con producto de calidad. Todo se prepara al día. Abren de diez a nueve de la noche, y por la tarde los platos se despachan al cincuenta por ciento, una manera de no guardar excedentes ni tirar comida a la basura. El modelo funciona, y aunque en algún momento tuvieron cátering e incluso servicio a domicilio, supieron dar con la tecla que realmente funcionaba y las ha traído hasta aquí, junto a la base principal, los empleados, cuenta María José: docenas de personas que han aportado su grano de arena al establecimiento, para ofrecer un buen servicio, y que han sumado también en la cocina, lo que ayuda a ofrecer esa variedad por la que destacan, y en eso, confiesa María José, han tenido mucha suerte.

Nadie en O Grove quiso perderse el centésimo aniversario de uno de sus negocios emblemáticos
Nadie en O Grove quiso perderse el centésimo aniversario de uno de sus negocios emblemáticos Martina Miser

Ahora mismo trabajan en El Moderno diez personas bajo el mando de Laura Sancho, la cuarta generación de la familia, que ayer dieron lo mejor de sí mismas para celebrarlo en la calle con los clientes, pulpeiro y música incluida, y deleitar a los vecinos como mejor saben hacer: dando de comer. Toda una fiesta.