El jardín secreto de un hotel junto al mar

Rosa Estévez
rosa estévez O GROVE / LA VOZ

O GROVE

Martina Miser

El Bosquemar abrió sus puertas en los sesenta, en una aldea de San Vicente de O Grove a la que aún no había llegado el teléfono. Los que sí llegaron fueron los turistas extranjeros que buscaban un oasis de tranquilidad

11 jun 2021 . Actualizado a las 22:44 h.

Servando y Sebastiana, como tantas otras parejas jóvenes gallegas, hicieron un día las maletas y salieron al mundo. Corrían los años sesenta, España era aún un país en blanco y negro, y la aldea de Reboredo, en O Grove, un rincón resguardado de los vientos de cambio que soplaban por allá fuera. Servando y Sebastiana acabaron en Francia. Primero en París. Luego pusieron rumbo a la Bretaña, a la playa de La Baule, un centro vacacional de hermosos arenales y pequeños hoteles rodeados de vegetación. El parecido con O Grove saltaba a la vista. «Solo que allí la temperatura era siempre un poco más fría que aquí. Y sin embargo, se llenaba de gente», nos cuenta Óscar Álvarez, heredero del legado de aquella pareja de emigrantes.

Esa realidad que vivían y palpaban cada día se fue metiendo en la cabeza de Servando y de Sebastiana. Poco a poco, quizás sin que se diesen cuenta, fue creciendo una idea inesperada, tan audaz que debió de llevarles su tiempo abordarla con palabras. ¿Por qué no volver a Reboredo y reconvertir la casa que estaban construyéndose en un pequeño hotel? Finalmente, tras varios años a caballo entre La Baule y Suiza, ganando experiencia en el sector de la hostelería, decidieron apostar y abrieron un pequeño hostal: diez habitaciones perdidas en el medio de la nada. Reboredo, en la parroquia de San Vicente, era entonces una aldea por la que transitaban los carros de vacas y donde no había llegado, ni siquiera, el teléfono.

Fue una gran apuesta. Tan grande, que no faltaron quienes a su alrededor les advertían de que estaban cometiendo una locura. Sin embargo, Servando y Sebastiana estaban decididos a defender su proyecto. La naturaleza era generosa con ellos: mar y tierra bendecían el emplazamiento del hostal, que no tardó en ser descubierto por turistas franceses que buscaban un lugar de vacaciones alejado del mundanal ruido. En pocos años, Servando y Sebastiana decidieron volver a apostar: ampliaron el número de habitaciones y transformaron su hostal en un coqueto hotel.

Las décadas de los setenta y los ochenta del siglo pasado fueron intensas: sobraba trabajo que hacer. Había que atender la correspondencia, porque las reservas entonces se hacían por carta. Había que tener a punto unas instalaciones que rompían moldes. Y, sobre todo, había que dar a los huéspedes el mejor de los tratos. «El Bosquemar siempre ha sido un hotel en el que el turista extranjero, sobre todo el francés, tuvo mucho peso. Las familias venían a veranear: las estancias más cortas eran de quince días, muchas de mes y medio», relata Óscar. Verano tras verano, por la puerta asomaban caras ya conocidas de huéspedes convertidos en viejos amigos. «Muchos de aquellos clientes, a base de venir año tras año, acabaron cogiéndole cariño a la zona y compraron aquí fincas para hacerse residencias vacacionales; acabaron convertidos en vecinos de la aldea», cuenta Óscar.

En los años noventa, el Bosquemar dio un nuevo estirón. El hotel, con habitaciones y apartamentos, se articulaba alrededor de la piscina y de un jardín que sigue asombrando a los visitantes. En él iban plantando Servando y Sebastiana los árboles que traían de sus viajes por el mundo. Porque la pareja se tomaba, cada año, un respiro que aprovechaba para salir y hacer descubrimientos. Y aprender. «Siempre traían ideas», explica Óscar, que ha recogido el testigo de los fundadores del negocio.

A la sombra de esos árboles, hoy crecidos y consolidados, la pareja siguió haciendo crecer su establecimiento y apoyando, también, el desarrollo del conjunto del sector turístico en Galicia. Asistieron al alumbramiento de la primera Asociación de Hostelería de la provincia y Sebastiana, la misma que había escandalizado a sus vecinos sirviendo un pescado humilde como la raya en el menú de su hotel, fue la encargada de cocinar una tarta de Santiago que representó a España en un certamen gastronómico mundial.

El Bosquemar ha seguido marcando hitos en el siglo XXI. Inauguró la centuria convirtiéndose en el primer hotel de Galicia que se hizo con la Q de Calidad Turística. Apuesta desde hace años por las energías limpias. Y mantiene intacto ese espíritu familiar, amistoso, con los clientes. «Nuestro negocio cambió mucho en los últimos años», dice Óscar, que dio el relevo a los fundadores. Estos, desde su feliz retiro, no dejan de prestar atención a lo que ocurre en el negocio de su vida. El hotel del jardín secreto.