«A centola é a mesma en toda a ría, pero no Grove escollemos as mellores»

Rosa Estévez
rosa estévez O GROVE / LA VOZ

O GROVE

MONICA IRAGO

José será homenajeado por pasar «toda unha vida» dedicado al mar

24 nov 2020 . Actualizado a las 21:22 h.

José Domínguez Soutullo lleva toda la vida vinculado al mar. No es raro: vive en una península, la de O Grove, donde de las aguas saladas sale buena parte de la riqueza necesaria para la vida en tierra. José heredó su trabajo de su padre, que ya lo había heredado de los abuelos. Y se lo ha legado a sus hijos, que mantienen viva la saga de mariñeiros en el puerto meco hasta el que José sigue acudiendo, mañana y tarde, para ver salir y llegar a tierra a los suyos. «Non boto o mar de menos, porque cada día estou aí», dice este hombre, que el próximo viernes será homenajeado, junto con su hermano Jacobo, por haber dedicado su vida a la pesca. Y más en concreto, a la pesca del centollo.

La historia de José y Jacobo comenzó cuando eran muy jóvenes. Antes de cumplir los catorce ya echaban una mano a la familia «escollendo as ameixas e facendo outros traballos». Luego se enrolaron y comenzaron a faenar con su padre. Trabajaban las artes que se estilaban en aquellos tiempos, que recuerda con cierta emoción, pero sin mitificarlos. «Daquela había que tirar do aparello á man, e recordar as marcas para saber onde o botaras... Agora hai máquinas que fan boa parte do traballo, e os homes no barco teñen que limpar os aparellos e recoller as capturas», dice. Pero los mariñeiros, los de verdad, «aínda que teñan máquinas» siguen atesorando los viejos recursos, «porque as máquinas fallan».

José, que en el año 1965 se enroló en un barco para ir a pescar langosta a quinientas millas de Capetón y así «aforrar uns cartos», guarda en su memoria la transformación del sector del mar en O Grove. Y, por extensión, de la pesca del centollo. «O centolo, entre nós, é o pan de cada día», dice. Se capturaba antaño con raeiras y «máis tarde chegaron os miños».