El incierto regreso del rey del marisco

Rosa Estévez
rosa estévez O GROVE / LA VOZ

O GROVE

MARTINA MISER

Los barcos salen hoy a lanzar los miños en los que caerán, seguro, los primeros centollos de una campaña que la última vez dejó en la lonja de O Grove casi un millón de euros

08 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Si el 2020 fuese un año cualquiera, uno como todos los demás que hemos vivido, los mariñeiros de O Grove estarían frotándose las manos. A partir de las nueve de la mañana pueden salir a calar los aparejos en los que caerán los primeros centollos de la temporada, y por una vez la campaña arranca «con tempo propicio: borrasca, vento sur, non vai a haber lúa», relata el patrón mayor, Antonio Otero. Son las condiciones perfectas para que el rey del marisco salga de sus escondrijos y se pasee por los fondos de la ría, aumentando así las posibilidades de que acabe entre las redes de los miños. Pero aunque en el mar las condiciones sean excelentes, nunca una campaña del centolo había arrancado envuelta en tantas incertidumbres y malos augurios. «En terra, o escenario é fatal». Vuelve a hablar Otero, cuyo barco, Chapeliño, es uno de los muchos que tienen previsto salir hoy a faenar. «Toda a flota do Grove vai ir. Barcos grandes, de entre catro e sete homes, debemos de ser uns trinta. E pequenos, de un ou dous homes, uns corenta máis».

Toda una flota de mariñeiros expertos que consiguen que, año tras año, O Grove se consolide como un bastión en lo que a capturas del rey del marisco se refiere. Y es que importan las cantidades, pero importa sobre todo la calidad de un crustáceo asociado a las mesas de fiesta, a las reuniones de amigos, a las Navidades en familia. Por eso en O Grove no van de farol cuando hablamos de centollo: buscan la excelencia de los ejemplares que llegan a la lonja, donde se comercializan bajo un sello que reconoce que han pasado el filtro del puerto meco.

Pero este año, tal y como están las cosas, Antonio Otero no tiene claro que la pericia de la flota meca sea suficiente para remontar los problemas generados por el covid-19. «Temos a preocupación de que non vaia a haber demanda», señala el patrón mayor. Privados de la posibilidad, siquiera, de planificar su trabajo -la pandemia trastoca el escenario de un día para otro- los mariñeiros trabajarán casi a ciegas, cruzando los dedos para que, de alguna manera, el rey del marisco encuentre su camino en los mercados.