Monumental enfado en hostelería: «Poñemos o carro diante dos bois»

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

O GROVE

MONICA IRAGO

El sector no entiende que las ayudas no se planificasen antes de decretar el cierre

06 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Minutos antes de que el presidente de la Xunta anunciase las restricciones que obligarán a la hostelería a echar el cierre esta medianoche, Javier Olleros expresaba el estupor de todo un sector ante la ausencia de un plan bien organizado de reacción frente al coronavirus después de tantos meses de pandemia. Ayer, Alberto Núñez Feijoo apuntaba un añadido fundamental: las ayudas que la Administración gallega pondrá sobre la mesa y oscilarán entre los 2.200 y los siete mil euros. A la espera de que se materialicen los cauces para su solicitud, los representantes hosteleros de Vilagarcía, Cambados, Vilanova y O Grove, los cuatro municipios arousanos sometidos a las medidas más estrictas, resumían ayer su enfado y malestar en una frase: «Estamos poñendo o carro diante dos bois».

«O que non entendo é que, cando a policía detectaba que alguén estaba facendo as cousas mal, os problemas dábanse nas reunións de amigos ou familiares, pero non na hostalería», subraya el presidente de la Asociación de Hostaleiros e Iniciativas Turísticas de Vilagarcía (Ahituvi). Ríchar Santamaría no duda de la necesidad de tomar decisiones que corten el paso al covid, pero sí de que sea el sector el que pague los platos rotos, «cando a maioría estaba aplicando as medidas de seguridade e, de feito, entre a hostalería a incidencia dos contaxios é moi pequena». Lo que sí tiene claro el portavoz del colectivo es que esta situación requiere cabeza y coordinación: «Desta temos que saír xuntos e pensando en todos, porque, se non, polo camiño pode quedar moita xente».

El horizonte inmediato del sector pasa por el retorno a los expedientes de regulación, quien los hubiese abandonado, claro, y, como mal menor, la concesión de vacaciones pendientes. «A xente está moi enfadada, moito, e hai outro problema, que un concello coma o de Cambados vive da comarca, e a limitación de movementos fai que moitas actividades sexan inviables», señala Juan Rey desde Zona Centro. También él considera que la hostelería ha hecho su parte con responsabilidad y rigor, y que la secuencia lógica ante esta situación hubiese pasado por el arbitraje claro de un esquema de ayudas estatales, autonómicas y municipales, antes de abordar un cierre así. «Tempo houbo», lamenta.

La incertidumbre es la nota dominante entre cafeterías, bares y restaurantes, no digamos en el mundo de la noche, reconvertido, en el mejor de los casos, al horario diurno y sometido, ahora, al mismo cierre preventivo. «O lóxico sería ter aclarado en que forma van quedar os locais, que vai pasar cos empregados e cos autónomos, e logo decidir o que hai que facer. Todos os asociados cos que falei dixeron o mesmo, se hai que pechar se pecha, pero a Administración parece que está perdida, non digo que non saiban o que facer, pero dende logo non saben como facelo». Planificación, en definitiva, es lo que reclama Ramón Cardalda desde Presume de Vilanova, recordando que las tasas y los impuestos siguen cayendo, y que una moratoria no evita que acaben pagándose con el paso del tiempo pese a no haber generado ingresos.

La asociación de empresarios de O Grove mantiene la misma opinión. Emgrobes no solo recuerda que la hostelería ha cumplido y que el sector no es el culpable de lo que está ocurriendo. Incide, además, en el hecho de que los negocios sigan pagando alquileres y asumiendo gastos pese al cierre y solicita, en este sentido, «apoio e axuda a todas as Administracións» y al Concello, en concreto, «que revise os impostos, taxas e axudas directas». El colectivo considera fundamental, por último, que se promocione la campaña de la centolla para su venta a domicilio.

MARTINA MISER

«Veo gente por la calle como si nada; hay que ir de casa al trabajo y volver»

Aunque consciente del daño que estas medidas infligen a la hostelería, el regidor de Vilanova entiende que incluso sería necesario un confinamiento domiciliario «de dos o tres semanas para salvar la economía y que baje el número de casos». Gonzalo Durán advierte que «las soluciones hay que tomarlas pronto» e insiste en la responsabilidad y en las limitaciones a la movilidad: «Hay que ir de casa al trabajo y del trabajo a casa hasta que pase la segunda ola». Nada de quitarse la mascarilla: «Hay que doblar la curva para iniciar la recuperación».

MARTINA MISER

«Las rebajas en las tasas que anuncian algunos concellos son para la galería»

El alcalde de O Grove argumenta que no son los concellos los que deben buscar fórmulas para proteger a empresas, autónomos y trabajadores. «La Xunta como el Estado tienen capacidad de negociar con Europa y de negociar fondos, y a ellos me dirijo cuando hablo de políticas expansivas». En cambio, subraya José Cacabelos, cuyo municipio lleva siete años con las tasas congeladas, las arcas municipales no reciben de la participación del Estado ni un 50 % de los tributos propios. Por eso, concluye, «lo que algunos concellos anuncian es para la galería».