La emperatriz del remo, tras su año sabático: «Volvo con máis enerxía»

Con 29 años y quince títulos entre la Bandera de La Concha y la Liga Euskotren, la grovense Andrea Oubiña retornará este sábado a la élite en A Coruña


vilagarcía / la voz

En el mundo del remo resulta frecuente encontrar en el cuaderno de bitácora de sus deportistas alguna página en blanco. La exigencia física que requiere su práctica y el sacrificio aparejado de tener que prescindir de cualquier atisbo de vida social del primer al último fin de semana del verano acaban recomendando un alto en el camino. Para algunos, definitivo. Para muchos otros, con vuelta al remo como bastón, más de uno incluso después de años de haber aparcado las botas de las mil leguas. Andrea Oubiña Rodríguez (O Grove, 10/XI/1990) llevaba encima la friolera de 17 años sin separarse del remo cuando al final del 2018, después de ganar todo lo que se había puesto en el camino de la trainera de San Juan, decidía tomarse un respiro. Lo hacía como la remera española de banco fijo más laureada de todos los tiempos, con 9 títulos de la Bandera de La Concha, 6 de la Liga Euskotren y 12 cetros en campeonatos de España de diferentes embarcaciones en su vitrina personal. «Non creo que isto sexa un adeus», decía al inicio del verano del 2019 al ver como empezaba a bullir una temporada más su deporte. Un año después Andrea se apresta a completar su vuelta a la élite del remo, este sábado, en la Bandeira Cidade da Coruña, en la bancada de otra embarcación vasca, Donostiarra.

Saciada su hambre por conocer algo de mundo -viajó a Londres y México- y por gozar de la hasta entonces desconocida experiencia de un verano de largas tardes de playa en su pueblo galiforniano, la grovense está de vuelta.

«Necesitaba un ano de desconexión. E prestoume. Ao final volves con máis enerxía, con máis ganas», comenta Oubiña. ¿Pero qué la animó a regresar? «Donostiarra falou con varias remeiras que estiveramos en San Juan». Una bancada esta última en la que la grovense había conseguido saborear las mieles del doblete Concha-Liga Euskotren en cada uno de los cuatro años en los que formó parte de una tripulación que hizo historia, hasta la decisión de buena parte de sus integrantes de tomarse al mismo tiempo un respiro al final del 2018. Que Maialen Arrazola, entrenadora y remera de San Juan en 2017, estuviese en la lista de fichajes de Donostiarra sumó otra razón más al sí de la arousana a una oferta que le permitió reencontrarse con siete excompañeras: «O que máis me animou é que estou con xente que xa coñezo, coa que adestrei moitos anos, sabes como funcionan».

Tras concluir Donostiarra las dos ediciones anteriores de la Liga Euskotren en el tercer puesto, «penso que o principal é manterse na Liga. O obxectivo é tentar gañar algunha regata», declara Andrea, que tendrá entre sus compañeras a otra de las contadas gallegas en una Liga con sus cuatro equipos de Euskadi, Natalia Tubío, patrona el año pasado del Náutico de Ribeira, con experiencia en la máxima competición del remo femenino con Cabo de Cruz en 2016.

La remera española más laureada de la historia apunta al plus con el que parte alguno de sus rivales, con proyectos de continuidad y su consiguiente trabajo de acoplamiento adelantado. Frente a ello, la Donostiarra de Andrea Oubiña se presenta como una tripulación que «vai de menos a máis», habiendo firmado ya los títulos de campeona de Euskadi de larga distancia, el 1 de marzo, y de la Liga de Bateles de Guipúzcoa, esta última con solo parte de su calendario disputado.

Desinfección de la trainera a cada momento

Andrea Oubiña pudo disfrutar la semana pasada de un breve regreso a O Grove para pasar cinco días con su familia. «Eses días na casa fixéronme ben. Desde xaneiro só volvera catro días, no Entroido. Contaba con ir en Semana Santa», pero el covid-19 llegó y se instaló en España, y la arousana fue una de las personas a las que les tocó experimentar por primera vez el difícil trance de un confinamiento con el efecto multiplicador de hacerlo a cientos de kilómetros del hogar; si bien es cierto, con el apoyo de superarlo junto a su pareja.

No se pasó sin embargo la grovense los tres meses del estado de alarma recluida en su vivienda. Al contrario, ella fue una de las trabajadoras de «un dos sectores que non parou». Circunstancia que, en cierta manera, ayudó a mantener su rutina previa a su año sabático, entrenándose después de cumplir con su jornada laboral.

Desde el 8 de junio, el primer día que el gobierno vasco autorizó al remo de su comunidad a regresar a los entrenamientos en el agua, Oubiña y sus compañeras de Donostiarra «saímos ao mar todos os días, agás a xornada de descanso». Lo hacen con el máximo respeto al espartano protocolo higiénico-sanitario con el que la ACT ha blindado el reinicio de la cuenta atrás de sus dos ligas, la Euskolabel y la Euskotren.

Así, explica Andrea, «poñémonos a máscara para saír ao mar e ao regresar tras baixar da traíña. No barco, cada vez que facemos algún cambio temos que desinfectar o sitio e o remo da compañeira que se levanta antes de que o relevo ocupe o mesmo lugar -la arousana, el quinto de estribor-. E cunhas sulfatadoras temos que desinfectar toda a traíña ao acabar de adestrar». Es lo que toca. Como someterse a dos test serológicos para descartar un contagio por covid-19. Superado el primero por toda la tripulación justo antes de volver a los entrenos, ayer tocó el segundo para viajar mañana a A Coruña.

«Entre nós hai medo a que se cancele a Liga», dice la meca, que pasó en Euskadi el estado de alarma

Entre el 2015 y el 2018 la vida de Andrea Oubiña se transformaba cada mayo. Cambiando su residencia familiar en O Grove por una vivienda en Euskadi hasta octubre para entrenarse y competir con San Juan en la temporada de trainera. Este año optó por adelantar su mudanza a enero para irse a vivir a Ondárroa con su pareja, remero de la bancada de Santurtzi en la Liga Euskolabel (ACT), al menos hasta la antesala de la competición, con un piso compartido en Rentería con Natalia Tubío y otra compañera proporcionado por su club esperando por ella. El decreto del estado de alarma cogió a Oubiña en Ondárroa, donde pasó el confinamiento hasta que el 8 de junio el gobierno vasco permitió a sus remeros volver al mar y a ella irse a Rentería.

Durante las largas semanas de trabajo en solitario en el remoergómetro personal de su pareja lo que peor llevó la arousana no fueron los entrenamientos sin compañía porque, cuenta, así lleva funcionando todos los inviernos desde su desembarco en San Juan en el 2015, usando las instalaciones de Amegrove. «O máis difícil foi adestrar todos os días coa incertidume de non saber se ías competir ou non», declara. Cuando la ACT confirmó, ya en junio, que si, «quitáronme un peso de enriba». No obstante, confiesa, «entre nós -los remeros- hai medo a que se cancele a Liga. Como veña unha do revés quedamos outra vez sen nada».

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