La escuela de collareiras de Montse Betanzos

Rosa Estévez
rosa estévez O GROVE / LA VOZ

O GROVE

MONICA IRAGO

Doce mujeres de San Vicente inician hoy un curso para aprender algunos secretos de un oficio tradicional de O Grove

06 jun 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace falta mucho arrojo para mirarse a los ojos, reconocer lo que está mal en nuestra vida, y darle un cambio radical. Montse Betanzos lo hizo hace años, cuando decidió despedirse de un trabajo tan seguro como poco estimulante, y lanzarse a revalorizar un oficio, el de collareira, que había aprendido en su casa, al amor de su madre. Montse no solo se convirtió en collareira a tiempo completo, sino que logró que su oficio, tan característico de O Grove, fuese reconocido con una carta de artesanía. Como no es de las que se acomoda, siguió abriendo horizontes, tejiendo alianzas con otros artesanos y diseñadores, y llevando el arte de las conchas a varias capitales europeas.

Pero además de darle proyección universal a una artesanía con sello de O Grove, llegando incluso a EE.UU., Montse Betanzos parece haberse propuesto divulgar su oficio entre los vecinos de esta localidad. De ahí el taller que hoy, y el próximo sábado, ofrecerá a una docena de mujeres de la asociación A Lagoa, de San Vicente. Es el tercer año que lo hace. Algunas de sus alumnas son viejas conocidas de las sesiones anteriores. Otras, será la primera vez que se pongan «a enfiar cunchas». Y eso es algo que a Montse Betanzos le causa una cierta sorpresa. «No Grove, antes, iso aprendíase a facer na casa. Agora está visto que non», dice. Y sus palabras tienen algo de lamento, porque en el oficio de collareiras, de momento, «relevo xeracional non hai». Es más: se corre el riesgo cierto de perder incluso la memoria de esta artesanía. «Moitas veces vou a dar charlas aos colexios, e miña primeira pregunta que lle fago aos rapaces é se saben o que é unha colareira. E, de entrada, ningún sabe».

MONICA IRAGO

Afortunadamente ahí está Montse Betanzos, dispuesta a contárselo con detalle, a mantener viva la llama de un oficio que se hizo famoso en A Toxa y que también en A Toxa acabó a punto de perecer desfigurado.