Dos meses sin cobrar, con la familia como único apoyo para salir adelante

Una autónoma y una empleada de O Grove relatan su experiencia tras el cierre de sus negocios


O grove / la voz

Miriam trabaja en el restaurante Mercantil de O Grove; Nuria regenta la discoteca Soul de la misma localidad y ambas tienen un denominador común: forman parte de la legión de víctimas económicas del covid-19.

La primera entró en ERTE el 1 de abril y, casi dos meses después, sigue sin cobrar un céntimo ni consigue arrojar luz sobre la situación de su expediente. Tras un sinfín de entradas en la web del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y encontrarse con el muro que supone el recurrente mensaje «en incidencia» por fin pudo hablar con personal del servicio en Vigo, que le confirmaron lo que ya temía. «Que está todo paralizado».

El de Miriam Devesa es uno de los 900.000 expedientes de regulación de empleo temporal que, según los gestores administrativos, siguen pendientes de resolución en este país, un trámite que se ha convertido en una carrera de obstáculos habida cuenta que el SEPE ha visto multiplicada por siete su carga de trabajo y su plantilla solo fue reforzada en un 10 %, según los datos que maneja el CSIF.

La administración está saturada de modo que solo queda esperar. Mientras tanto, sin trabajo y sin la prestación por desempleo, Miriam sobrevive gracias a que su marido sigue cobrando un salario, pero con dos niños de cinco y once años en casa, el horizonte inmediato se presenta complicado.

El único consuelo que le queda es que el cobro de la prestación (que corresponde al 70 % de su sueldo) está asegurado y tarde o temprano llegará. En todo caso, no cree que vaya a ser antes de julio y, para entonces, confía en poder estar de vuelta en el restaurante de su familia, donde lleva doce años trabajando.

El futuro del negocio, dice, es incierto. «Por un lado lo veo negro y, por otro, quizá el hecho de que vaya a haber más turismo nacional nos venga bien». El Mercantil, antiguo bar O Corgo, prevé abrir sus puertas en junio y, a día de hoy, todavía hay muchas incertidumbres y miedos respecto a como afrontar los nuevos retos que plantea la pandemia.

Un sentimiento similar experimenta Nuria Álvarez. A ella le toca vivir esta crisis como autónoma que tuvo que cerrar su negocio el 14 de marzo y dejar a sus dos empleados en ERTE. En su caso, solo ha percibido 300 euros para hacer frente a los gastos de la Seguridad Social, mientras que los trabajadores, como Miriam, siguen sin cobrar. Nuria no tiene otra fuente de ingresos; los ahorros se agotan, no puede pagar el alquiler y no es cuestión de seguir recurriendo a la familia indefinidamente, explica.

En fase de prueba

La joven empresaria espera que este panorama mejore cuando, si no hay sorpresas, el 8 de junio pueda abrir de nuevo su discoteca. «Voy a probar a ver como va», señala, porque si cuestiones como la regulación del aforo, las distancias y demás medidas de seguridad se hacen muy complicadas no descarta volver a echar el cierre.

El Soul tiene capacidad para 230 personas, que con las restricciones del estado de alarma se verá reducida a 70, y, en estas circunstancias, está por ver que resulte rentable mantener la puerta abierta.

En los cuatro años que lleva al frente del negocio, nunca se había encontrado en una situación tan difícil y la empresaria echa en falta más ayudas para hacer esta desescalada menos dura.

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