Las mil formas de asistir a clase

Desde videoconferencias en grupo de alumnos y profesores a enviar los deberes por el correo tradicional, lo importante es que los estudiantes no pierdan el ritmo


vilagarcía / la voz

Son las nueve de la mañana y en los alrededores del colegio de San Tomé, en Cambados, no hay ni un alma. El bullicio normal que acompaña a la entrada de este centro ha desaparecido hace semanas. Lo mismo sucede en el centro escolar de Mosteiro, en Meis, en el de O Piñeiriño (Vilagarcía) o en el Valle-Inclán de O Grove. Pero eso no significa que la actividad de los colegios haya cesado. Porque muchos son los profesores que están poniendo todo de su parte para mantenerse en contacto con sus alumnos, para ayudarles a que sigan estudiando, pero también para mandarles ánimos o simplemente charlar un rato con ellos. Las fórmulas de contacto son muy diversas, desde videoconferencias a trabajos en línea o a la grabación de vídeos. Hay un problema. No todos los estudiantes tienen el mismo acceso a ordenadores, ni a conexiones de Internet. Así que en algunos centros, como en el San Tomé, han decidido recurrir a métodos tan tradicionales como el correo ordinario, el de los sobres y los sellos.

«Queremos hacer videoconferencias porque a los niños les apetece ver a sus compañeros y profesores», asegura Manuel Felpeto, del colegio San Tomé de Cambados

«Llegar a todos es imposible, pero ahora podemos saber qué niños están usando la plataforma y cuáles no. A esos últimos los estamos llamando para saber si tienen un problema de medios», cuenta Manuel Felpeto, director del San Tomé. Su idea es que, para aquellos que no tengan manera de acceder, «imprimir el material y mandarlo por correo ordinario para que les llegue a casa». En este centro conviven los métodos tradicionales, con los más avanzados. «Ahora estamos adaptando nuevas herramientas para hacer una videoconferencia con los alumnos. Hoy tenemos un claustro de prueba con treinta profesores a la vez para ver si soporta tantas conexiones», cuenta. El objetivo de esta iniciativa no es que los pequeños puedan recibir sus clases online, sino que puedan hablar con sus profes y compañeros. «Los niños quieren hablar, le apetece ver a sus profesores y a sus compañeros», añade. Adaptarse a este nuevo sistema de docencia no es tarea sencilla. «No todos los profes teníamos las mismas competencias digitales y todo lo tuvimos que hacer en tiempo récord. Yo estoy superorgulloso», explica. Lo mismo sucede con las familias, a quien reconoce el gran esfuerzo que están haciendo. «Nos van haciendo peticiones y nos vamos adaptando», cuenta.

En el colegio de Mosteiro los alumnos de quinto y sexto no tienen problemas, pues el programa Edixgal ya les permite contar con sus propios ordenadores y sistemas de conexión. En el resto está más complicado. «Calculamos que entre el 50 y el 60 % de los chavales están haciendo las tareas», explica el director Luis Camilo Fernández. El problema es que del resto no saben si es porque carecen de tecnología o porque no quieren participar en este sistema. «Hay muchos que solo tienen un teléfono móvil, eso es una limitación importante. Es cierto que unos niños se benefician más que otros porque tienen más recursos». Ellos ponen todo de su parte, desde el Google Clasroom a tutorías por Skype. Pero reconocen que toda esta situación, «es también un estrés para las familias en un momento de ambiente raro». El director lamenta, además, todo lo que se ha quedado en el tintero, desde las excursiones de fin de curso a los programas de intercambio.

«El sistema de trabajo es también un estrés para las familias, en un momento de ambiente raro», dice Luis Camilo Fernández, director del colegio de Mosteiro

En el Valle-Inclán de O Grove las reuniones entre profesores se celebran por videoconferencia y los alumnos cuentan con un blog para hacer sus tareas. «Agora pedímoslle a cada alumno que se poña en contacto co seu mestre para saber con que medios contan. Hoxe o 99 % teñen teléfono móbil e iso xa ten datos, co que poderiamos traballar», explica Ramón López, su director. Y en O Piñeiriño, de Vilagarcía, el director está en el centro para atender todas las dudas telefónicas o a través del correo electrónico que platean los padres. «Subimos material para los niños en el aula virtual y estamos en contacto con las editoriales para que puedan acceder a los libros de texto online», dice Marcos Gamarra, el director. Las familias están respondiendo, asegura. «La gente se preocupa y creemos que todo esto es también un método de distracción para ellos por eso no planteamos actividades muy complicadas», afirma.

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