El dueño de la batea incendiada en O Grove: «Inimigos no mar non teño ningún»

El grovense no duda de que el fuego fue intencionado. Perdió la caseta de la mejillonera y una veintena de cuerdas


O Grove

Pudo haber sido peor. La actuación de la embarcación Salvamar Sargadelos y de una lancha de Aduanas evitaron que las llamas acabaran arrasando la batea que el jueves por la tarde empezó a arder en un polígono de Meloxo (O Grove). Las labores de extinción frenaron las llamas y, finalmente, se pudo salvar la estructura del parque flotante y de la mayoría de la producción. Se perdieron unas veinte cuerdas y la caseta, que quedó totalmente calcinada. Esta especie de almacén flotante puede ser un polvorín. Con el simple chispazo de un mechero, las cuerdas y plásticos que allí se guardan se convierten en un combustible perfecto, y eso es lo que debió de ocurrir el jueves, según la opinión del propietario.

El bateeiro, que prefiere no figurar con su nombre, hacía esta mañana balance de la «desfeita», a la espera de que la Guardia Civil del Mar volviera a la mejillonera para hacer una inspección más exhaustiva de los daños, ya a la luz del día. La noche anterior, el bateeiro se embarcó hasta en tres ocasiones para acudir al lugar porque, a las dos de la mañana, todavía no las tenía todas consigo. Los servicios de emergencias dejaron extinguido el fuego a las ocho, pero el bateeiro no podía dormir y acudió a regar las maderas para evitar que se avivase algún rescoldo. Fue una noche muy larga. Nunca se había visto en una situación parecida y no alcanza a comprender lo sucedido. «Eu non teño inimigos no mar», explicaba.

De lo que no tiene duda es de que el fuego fue intencionado, porque en su batea no hay ningún elemento eléctrico que pueda actuar de detonante y el jueves tampoco cayó ningún rayo sobre la ría. El suceso repite el esquema de lo ocurrido hace menos de un mes en otra batea de O Grove. Al ponerse el sol, las llamas empezaron a asomar en el horizonte y un particular desde tierra dio el aviso, lo cual permitió activar el dispositivo de emergencias a tiempo.

En las primeras horas la prioridad era salvar la batea. A partir de ahora, es el momento de las pesquisas para tratar de dilucidar la autoría de los hechos. No va a ser fácil, dado que, a priori, no constan testigos que puedan identificar a la persona o personas que el jueves al atardecer merodearan por la batea de nuestro protagonista.

En las tres décadas que lleva trabajando en el mar —actualmente tiene 48 años—, nunca había pasado por un mal trago como este. Sí, tiempo atrás, se produjeron sabotajes en las bateas como consecuencia de los conflictos surgidos a la hora de organizar el sector y la producción, pero las aguas volvieron a su cauce y hacía tiempo que los bateeiros podían respirar tranquilos.

La inquietud ha vuelto a instalarse en el sector porque, visto lo visto en O Grove en las últimas semanas, ninguna mejillonera está libre de acabar siendo pasto de las llamas. Afortunadamente, esta es recuperable, porque el fuego no dañó las vigas y las pérdidas son asumibles. Un perito determinará en las próximas horas el alcance real de los daños de este parque flotante del año 2001. La investigación corre a cargo de la Guardia Civil.

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