El excontable de la cofradía de O Grove: «Me lo gasté todo en jugar, en el Casino de La Toja»

Fabricio Fernández reconoce que hacía las transferencias bancarias de noche desde su portátil después de perder miles de euros


Pontevedra La Voz

La segunda jornada del juicio por desfalco en la Cofradia de O Grove dio comienzo esta mañana en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial con la declaración del excontable Fabricio Fernández al que acusan de haberse apropiado indebidamente de 580.000 euros. Se limitó a responder a las preguntas del Ministerio Público y de su defensa y en ambos casos reconoció haberse quedado exclusivamente con 190.000 euros. Del destino del resto de dinero dice no saber nada.

De la mayor parte del dinero se apropió a través de continuas transferencias bancarias desde las cuentas de la cofradía a la suya personal. La mayoría de ellas entre enero del 2009 y mitad del 2010.

El fiscal le preguntó para qué utilizaba el dinero. Y su respuesta fue tajante. «Me lo gasté todo en el Casino de La Toja». A las instalaciones de juego llegaba en cuanto abrían, a las 20 horas. Y comenzaba gastándose todo lo que llevaba en efectivo. Cuando perdía utilizaba un ordenador personal para acceder a las cuentas de la Cofradía y hacer una transferencia a su cuenta que inmediatamente le permitía pagar con tarjeta en el Casino y seguir jugando. «Empecé a recurrir al dinero del pósito cuando ya me había gastado todo el patrimonio personal; gasté todo el dinero de mi familia».

Fabricio Fernández explicó con detalle que su afición al juego comenzó en 2008 con visitas al Casino esporádicas. «Me divertía». Y relató como poco a poco jugar se convirtió en una obsesión. «Me despertaba pensando en jugar y en cómo podía conseguir dinero para hacerlo. Estoy convencido de que si no hubiese parado aquello hubiese ideado formas para seguir consiguiendo dinero como fuese», explicó a los 20 miembros que componen el jurado popular elegidos en esta causa por malversación de fondos públicos.

«Estaba de mal humor todo el día, solo pensaba en el juego, y las pagaban mis padres y mi familia. En agosto de 2010 me diagnostican depresión y cojo una baja. Aquello me costó el divorcio. Me dí cuenta de que tenía que parar». Fabricio Fernández explicó que en ese momento se puso en contacto con la Asociación Gallega de Jugadores de Azar, Agaja, para desintoxicarse. «Fueron ellos quien me recomendaron que me autodenunciara. Y en noviembre de 2010 me presenté en el juzgado de Cambados con la documentación que tenía y le conté a la jueza lo que había hecho». Así se descubrió el desfalco.

El excontable de la Cofradía, que ahora acumula 9 años alejado del juego, insitió en que siempre retiró el dinero con intención de devolverlo. «Perdía y necesitaba seguir jugando, pero con la intención de recuperarlo y reponer lo que no era mío, hasta que aquello se convirtió en una bola de tal dimensión que me arruinó la vida, y no solo la mía».

El Casino de La Toja no era el único centro al que acudía Fabricio Fernández, que aprovechó su desplazamiento a un curso de formación en Madrid para conocer el casino de la ciudad.

Fabricio Fernández llegó a emocionarse mientras respondía al Ministerio Público al reconocer que le falló «a todo el mundo, a mis padres y a mis hijos, que tuvieron que aguantar en el colegio que le dijesen que su padre era un ladrón. Me arruiné la vida. Ahora solo tengo deudas. Pasé de tener un buen trabajo a hacer ahora lo que puedo, en una orquesta, en la que cobro solo cuando trabajo. Vivo de una ayuda y de que mi madre y mi actual pareja me ayuden para comprar alimentos y pasar la pensión a mis hijos».

Pero Fabricio Fernández no se limitó a contar su drama personal. Sus respuestas generaron dudas sobre la razón por la que la firma del patrón mayor de la Cofradía no aparecía junto a la suya en cada uno de los movimientos económicos de las cuentas del pósito. El excontable reconoció que era habitual que los bancos le permitiesen retirar dinero y que el patrón firmase cuando volviese de faenar en el mar. Pero no siempre lo hacía. «No entiendo por qué. Si hubiese sido más diligente me hubiesen descubierto a la primera y ahora la situación no sería ésta».

Fabricio Fernández apenas tiene formación. No acabó la EGB e hizo un módulo de FP que le habilita como auxiliar administrativo. En la plantilla de la Cofradía había, según él mismo reconoció, varias personas con mayor capacitación profesional y técnicos contables. Sin embargo a él le nombraron encargado económico. «No entiendo por qué. No fue por una cuestión de confianza porque en el momento del nombramiento no la había», explica.

La vista continuó con la declaración de Francisco Iglesias, patrón mayor de la Cofradía en el momento del desfalco.

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