Misión al paraíso de los pingüinos

El Ejército de Tierra vuelve a O Grove para preparar la campaña antártica, que llevará a una treintena de militares y científicos a vivir cuatro meses en el polo sur


o Grove / la voz

El sargento Del Real ya sabe lo que es pasar cuatro meses alejado de la civilización, rodeado de hielo y a temperaturas bajo cero. En ocasiones se hace duro, sobre todo por la lejanía de sus hijos, pero la experiencia vale tanto la pena que ha decidido repetir. A final de año deberá estar en la base Gabriel de Castilla, en Isla Decepción (Chile), formando parte del contingente de la campaña antártica. Científicos, investigadores y militares forman un equipo en el que los primeros acuden para estudiar los aspectos relacionados con la actividad sísmica, el clima y la fauna de este territorio, y los segundos se ocupan de su seguridad y del correcto funcionamiento de la base, sea trasladando a los biólogos en zódiac a avistar lobos marinos, sea vaciando las tuberías que han quedado atascadas por el hielo. La norma es acompañar al personal civil en cualquier salida de la base, y con este propósito llevan semanas preparándose.

Cada miembro de la expedición tiene una función y la maquinaria debe estar engrasada a la perfección para ser autosuficientes durante el verano austral (de diciembre a abril). La población más próxima está a mil kilómetros, de manera que no hay cabida para los imprevistos; nada puede fallar en los equipos electrónicos, la cocina, el botiquín y, por supuesto, tampoco a bordo. Con este propósito, los militares se adiestran durante esta semana en el manejo de lanchas neumáticas en San Vicente de O Grove aprovechando las condiciones que ofrece este litoral, como vienen haciendo desde hace cinco años.

En esta ocasión se trata de un equipo formado por diez hombres y tres mujeres procedentes de destacamentos de toda España que han tenido que competir con otros doscientos aspirantes por este puesto. Les ha tocado la lotería, en palabras del sargento Del Real. El viento cala hasta los huesos y deberán convivir con un volcán que sigue activo, pero estar en un paraje tan extremo, en plena naturaleza y asistir al espectáculo que ofrecen cincuenta mil parejas de pingüinos en época de cría no tiene parangón. «Es el paraíso», añade el responsable del área de motores de la misión, que puede contarse entre los privilegiados del planeta -se calcula que este territorio recibe a unos 40.000 visitantes al año- que han conocido de cerca en estas inhóspitas tierras. Él y Tomás Zamora son los únicos que reenganchan. Para el resto de los participantes en la treinta y tres expedición a la Antártida, caso del comandante y jefe de la campaña, Joaquín Núñez, será su primera vez, y acuden con las expectativas muy altas. No obstante, hasta coger el avión que los llevará a Chile y embarcarse en el Hespérides todavía hay mucho trabajo por delante en tierra. Y es que además de entrenarse para patronear una lancha, aprender a manejarse con los trajes de supervivencia, hacer prácticas de rescate y pilotar un dron es necesario hacer acopio del material para vivir durante cuatro meses sin posibilidad de avituallarse por otras vías; comida, recambios para los vehículos y hasta material de obra para levantar un muro de contención en la costa llenarán varios contenedores que viajarán hasta Isla Decepción.

Temperaturas que pueden alcanzar los menos 25 grados y días que no se pone el sol

El contingente militar se despedirá el viernes de O Grove y el 30 de noviembre compartirá una jornada de capacitación con el equipo científico con el que convivirá en la Antártida. Les espera una aventura en la que soportarán vientos de 120 kilómetros por hora, temperaturas de hasta menos 25 grados y verán días sin noche. «Es una oportunidad increíble», señala Vanesa Alcón, una sevillana que ya sabe lo que es participar en misiones en Afganistán y el Líbano y que, por fin, va a poder ver cumplido su sueño de ir al polo sur, en su caso, con responsabilidades en el área de comunicaciones.

Con ella son tres las mujeres que forman parte de esta expedición, la cifra más alta de participación femenina alcanzada hasta la fecha; la media de edad de los militares es de 41 años y tienen una media de veinte años de experiencia.

A diferencia de otras misiones, en la Antártida no se dan situaciones de guerra ni peligrosas, aunque sí se viven momentos de tensión relacionados con la mala mar y condiciones climáticas adversas. El relax llega a la hora de las videoconferencias vía satélite, que le permiten hablar con la familia y ofrecer charlas a los colegios (120 han participado ya de este programa) para dar a conocer su trabajo y educar y concienciar en el respeto al medio ambiente, porque, lejos de lo que algunos pregonan, el cambio climático ya está aquí. La iniciativa Apadrina un pingüino ha permitido estrechar lazos con el continente helado a más de cien mil niños en España, y el objetivo es seguir sumando. 

Participantes

El contingente está formado por trece militares, tres de ellos mujeres, que se presentaron de forma voluntaria y fueron seleccionados entre casi doscientos aspirantes.

Calendario

Tras las prácticas en O Grove, en diciembre volarán a Chile, donde embarcarán rumbo a la base Gabriel de Castilla y allí permanecerán 4 meses. 

Operativo

La campaña se inscribe en el Plan Estatal de Investigación Científica, Técnica y de Innovación del ministerio. Está coordinada por el Comité Polar Español y la base está gestionada por la División de Operaciones del Estado Mayor del Ejército de Tierra.

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