Misión al paraíso de los pingüinos

Bea Costa
bea costa O GROVE / LA VOZ

O GROVE

El Ejército de Tierra vuelve a O Grove para preparar la campaña antártica, que llevará a una treintena de militares y científicos a vivir cuatro meses en el Polo Sur

12 sep 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El sargento Del Real ya sabe lo que es pasar cuatro meses alejado de la civilización, rodeado de hielo y a temperaturas bajo cero. En ocasiones se hace duro, sobre todo por la lejanía de sus hijos, pero la experiencia vale tanto la pena que ha decidido repetir. A final de año deberá estar en la base Gabriel de Castilla, en Isla Decepción (Chile), formando parte del contingente de la campaña antártica. Científicos, investigadores y militares forman un equipo en el que los primeros acuden para estudiar los aspectos relacionados con la actividad sísmica, el clima y la fauna de este territorio, y los segundos se ocupan de su seguridad y del correcto funcionamiento de la base, sea trasladando a los biólogos en zódiac a avistar lobos marinos, sea vaciando las tuberías que han quedado atascadas por el hielo. La norma es acompañar al personal civil en cualquier salida de la base, y con este propósito llevan semanas preparándose.

Cada miembro de la expedición tiene una función y la maquinaria debe estar engrasada a la perfección para ser autosuficientes durante el verano austral (de diciembre a abril). La población más próxima está a mil kilómetros, de manera que no hay cabida para los imprevistos; nada puede fallar en los equipos electrónicos, la cocina, el botiquín y, por supuesto, tampoco a bordo. Con este propósito, los militares se adiestran durante esta semana en el manejo de lanchas neumáticas en San Vicente de O Grove aprovechando las condiciones que ofrece este litoral, como vienen haciéndo desde hace cinco años.

En esta ocasión se trata de un equipo formado por diez hombres y tres mujeres procedentes de destacamentos de toda España que han tenido que competir con otros doscientos aspirantes por este puesto. Les ha tocado la lotería, en palabras del sargento Del Real. El viento cala hasta los huesos y deberán convivir con un volcán que sigue activo, pero estar en un paraje tan extremo, en plena naturaleza y asistir al espectáculo que ofrecen cincuenta mil parejas de pingüinos en época de cría no tiene parangón. «Es el paraíso», añade el responsable del área de motores de la misión, que puede contarse entre los privilegiados del planeta -se calcula que este territorio recibe a unos 40.000 visitantes al año- que han conocido de cerca en estas inhóspitas tierras. Él y Tomás Zamora son los únicos que reenganchan. Para el resto de los participantes en la treinta y tres expedición a la Antártida, caso del comandante y jefe de la campaña, Joaquín Núñez, será su primera vez, y acuden con las expectativas muy altas. No obstante, hasta coger el avión que los llevará a Chile y embarcarse en el Hespérides todavía hay mucho trabajo por delante en tierra. Y es que además de entrenarse para patronear una lancha, aprender a manejarse con los trajes de supervivencia, hacer prácticas de rescate y pilotar un dron es necesario hacer acopio del material para vivir durante cuatro meses sin posibilidad de avituallarse por otras vías; comida, recambios para los vehículos y hasta material de obra para levantar un muro de contención en la costa llenarán varios contenedores que viajarán hasta Isla Decepción.