Confín, el parque molón que pone los dientes largos a los vándalos

Hace poco más de un año que se inauguró y ya está lleno de pintadas y cristales rotos


o grove / la voz

Hace poco más de un año que O Grove convirtió la zona de Confín en un lugar de encuentro para pequeños y mayores. Allí se puede jugar al fútbol, disfrutar de una sesión de minigolf, hacer gimnasia, practicar skate, jugar a la petanca o visitar el parque infantil. Todo se construyó nuevo, o se reformó por completo las infraestructuras que había. El recinto ha tenido éxito, quizás demasiado. Porque además del intenso uso que sufre, ha sido tomado por aquellos que, lejos de preocuparse por cuidar el patrimonio público, se dedican a destrozarlo. En todos los elementos hay pintadas, faltan vallas metálicas en la parte superior de la pista de patinaje y los cristales que rodean el recinto de juego rompen un día sí, otro también. La situación es tal que el Concello ha decidido tomar medidas. El campo de fútbol se cerrará, a partir de ahora, con la tradicional red. Ya no hay más dinero público para seguir pagando cristales.

Explica la concejala de Obras, Ángeles Domínguez, que no es normal que los cristales rompan con tanta frecuencia, a pesar de los balonazos que reciben por parte de las personas que juegan allí al fútbol. De hecho, en Terra de Porto se utiliza el mismo sistema y no ha habido problema alguno. Así que el grupo de gobierno sospecha que tras tanto cristal roto hay una intención clara. «Les dan con algo y los astillan. Así, después, en cuanto reciben un balonazo, rompen», argumenta la edila. Actualmente no hay casi ningún cristal en todo el cierre inferior del recinto y son solo unas vallas las que impiden que los balones se escapen. La situación es tal, que el gobierno local ha tomado la decisión de no sustituirlos. A partir de ahora, será una red la que evite que las pelotas salgan disparadas hacia la carretera.

Todo tipo de pintadas

Pero no solo los cristales son objeto de los vándalos en este recinto. Sin salir de la pista de fútbol se puede comprobar que una de las canastas está rota, no tiene aro, lo que imposibilita poder disputar un partido. La portería que se sitúa debajo, además, está sujeta con cintas. Aunque, sin duda, lo que más llama la atención en todo el espacio son las pintadas. La grada que separa la pista de fútbol de la de minigolf parece más un lienzo que un lugar en el que sentarse a disfrutar de un encuentro deportivo. Hay pintadas y dibujos de todos los colores, y hasta todo tipo de mensajes. Lo mismo sucede en la pista de patinaje, donde también son varios los que han querido dejar su huella en forma de escritos y dibujos varios. Aquí, además, una de las vallas está rota, como si hubieran arrancado de cuajo parte de ese cierre.

El resto de este recinto de ocio se encuentra, por fortuna, en mejores condiciones. Las pistas de minigolf parecen ajenas a tanto destrozo y se conservan intactas. Los aparatos de gimnasia, en cambio, empiezan a acusar su cercanía con el mar. Quizás por eso, quizás por el intenso uso que sufren, han aparecido los primeros signos de óxido en todas las barras de ejercicio.

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