22 milímetros de virilidad


No recuerdo que, en lo más crudo de la crisis, cuando las hipotecas impagadas y las cuentas mal cuadradas vomitaban gente al arroyo, el personal se tomase la justicia por su mano. Incluso arrastrados a un paso de lo intolerable, algo debe de susurrarnos, al fondo del caletre, que las cosas no se solucionan a base de lapidar banqueros o estrangular con su propia corbata a tanto sinvergüenza fugado con nuestro dinero. Es perturbador comprobar cómo, en cambio, sí funciona como posibilidad firmemente asentada la práctica de matar mujeres, incluso niños, cuando se trata de poner orden en el ámbito doméstico. Con un par de lo que ustedes ya saben. Lo que acaba de ocurrir en O Grove es otro cubo de inmundicia en un mar de mierda que hace tiempo nos llegó al cuello. El recuento de noviembre acongoja: 44 mujeres asesinadas este año. Y subiendo. Por mucho que las nuevas estrellas de la política andaluza alcen la voz para alertar sobre las maldades de esa supuesta ideología de género que les enerva, la realidad es tozuda y se resiste a sus manipulaciones testiculares. No, amigos, no. Cada vez que alguien pacta con quienes a ustedes no les gustan, cada vez que alguien expresa una opinión que ustedes no comparten, cada vez que una pareja del mismo sexo se casa y ponen ustedes el grito en el cielo, cada vez que una mujer denuncia a una bestia o a una manada de ellas, ahora que por fin se desmantelará ese mausoleo a la infamia que ustedes veneran, no nace un fascista, como les gusta andar propagando. Lo único que sucede es que otro fascista disfrazado se quita la careta. Hay quien confunde los pocos centímetros en los que cifra su virilidad con los 22 milímetros del calibre de una pistola. Y así nos va.

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22 milímetros de virilidad