«Ahora el cliente quiere secador de pelo, y tú tienes que intentar dárselo»


vilagarcía / la voz

Alquilar viviendas a los turistas es una práctica que, en localidades como O Grove y Sanxenxo, tiene décadas de historia. Se había convertido, de hecho, en una fuente de ingresos secundaria pero segura, que permitía a las familias pagar los estudios de los jóvenes o afrontar, con cierta tranquilidad, gastos imprevistos. Pero aquel mundo en el que los veraneantes se apalabraban de un año para otro, hasta casi acabar convertidos en parte de la familia, ha desaparecido. Ya solo existe en la memoria de quienes lo conocieron. Ahora, el mercado de las viviendas turísticas, aún siendo una actividad secundaria, exige de los propietarios mucha implicación, mucha preparación, mucho esfuerzo y, sobre todo, la capacidad de vestirse de anfitriones cada pocos días, porque las estancias en este tipo de establecimientos es de entre seis y siete días. Así lo explica Dulcinea Aguín, presidenta de la Asociación de Vivendas Turísticas de Galicia, un colectivo nacido cuando la Xunta incorporó al Registro de empresas e actividades turísticas a este tipo de alojamientos.

A estas alturas, alquilar un piso a los turistas sigue siendo, en la mayor parte de los casos, una actividad secundaria. Un extra para las economías familiares. Con la diferencia de que, ahora, hay que salir a la Red para intentar captar clientes. Hay que prestar una atención exquisita a los detalles y hay que poner al alcance de los huéspedes todo lo que puedan necesitar. «Wifi, por supuesto. Y quieren secador de pelo, tostador, exprimidor... Y tú, en la medida de las posibilidades, tienes que dárselo», explica Dulcinea Aguín. A su juicio, aún hay muchos propietarios que no quieren asumir que el mundo ha cambiado y el negocio, también. Pero acabarán reconociendo que hay que batirse en el terreno de la calidad de servicio para poder mantenerse en el mercado.

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