Los pasajeros de un catamarán en llamas salvan la vida al saltar al mar en O Grove

A bordo iban 52 personas, de las que 38 resultaron heridas. Un matrimonio sufrió quemaduras graves

Un catamarán en llamas tras chocar con una batea frente a A Toxa A bordo viajaban cuarenta pasajeros, entre ellos varios niños, y tres tripulantes; algunos de ellos han sufrido quemaduras

O Grove / La Voz

Un paseo en catamarán por la ría de Arousa se convirtió ayer, coincidiendo con el quinto aniversario de la tragedia de Angrois, en un verdadero infierno para los 48 pasajeros -dos de ellos, los avilesinos Verónica Muñiz e Iván de la Rosa- tres tripulantes y un acompañante que viajaban a bordo del Boramar, uno de los barcos turísticos que trabajan desde el puerto de O Grove. El catamarán se había detenido al lado de una batea en las inmediaciones de la isla de A Toxa y, en cuestión de segundos, se vio envuelto en llamas. La rápida intervención de la tripulación y el auxilio prestado por los barcos de pesca y de recreo que navegaban por la zona evitaron la catástrofe. Los pasajeros se echaron al mar y fueron rescatados por marineros. Las causas del siniestro están pendientes de investigación, aunque las primeras hipótesis apuntan a que se produjo una explosión en el interior del barco, tal vez en la zona del motor, que originó el fuego. «Oímos como un disparo», explicaba uno de los turistas que tuvo que saltar al agua. Un matrimonio mayor, muy grave, fue trasladado en helicóptero a la unidad de quemados del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña (Chuac) y otras 36 personas, tres de ellas graves, fueron atendidas en diversos centros sanitarios de Pontevedra y O Salnés.

Eran las cuatro de la tarde. Apenas habían transcurrido cinco minutos desde que el Boramar zarpó del puerto de O Grove. A bordo, 48 turistas dispuestos a disfrutar del día, ocho de ellos niños. En cuestión de segundos, la tranquilidad se tornó pánico. El fuego se apoderó de la embarcación. La tripulación concentró a los pasajeros en la proa, pero pronto se dieron cuenta de que la única escapatoria era saltar al agua. «Yo fui el primero en tirarme», cuenta un joven de Almería, que vio en el agua la única salida. Pronto otros muchos lo siguieron, animados por la tripulación, que ayudó a lanzarse a la gente mayor y a los niños pequeños, que tenían miedo. «Cuando saltaron los últimos, el techo del barco se desplomó», asegura un pasajero madrileño.

Las llamas se veían perfectamente desde el puerto, y el humo, desde buena parte de los municipios de la ría. «Estaba trabajando en el barco cuando vi el fuego y marché a sacar gente del agua. Nos encontramos un mar de gente», explica un marinero grovense. Una turista también ayudó: «Dejé a los niños en tierra, me subí a un catamarán y nos marchamos a tratar de sacar a la gente del agua». En cuestión de segundos, alrededor del barco incendiado había numerosas embarcaciones arrojando chalecos salvavidas y ayudando a la gente a subir a bordo. Los náufragos fueron trasladados al puerto de O Grove, donde se estableció el dispositivo de emergencia. Dos helicópteros, 15 ambulancias y 50 agentes de la Guardia Civil y de la Policía Local atendían a los heridos. Algunos de los agentes de emergencias ni siquiera estaban trabajando, pero se presentaron voluntariamente a ayudar. La Policía Local y la Guardia Civil restringieron el tráfico en los accesos a la localidad y a parte del casco urbano. Todo para garantizar el paso de las ambulancias del 061, que se repartían entre el muelle de pasajeros y el de pescadores, donde las embarcaciones iban dejando a los heridos. Se habilitaron dos pistas de aterrizaje para los helicópteros de rescate y los medicalizados del 061 con base en Santiago y Ourense. Y todo el despliegue dispuso de la ayuda de los vecinos de O Grove, que de forma inmediata se presentaron en el lugar cargados con mantas, sábanas y prendas de ropa para que las víctimas cambiasen su ropa mojada.

Los helicópteros se encargaron de trasladar a A Coruña a los dos heridos más graves, J. L. V. M., de 70 años, y R. L. LL., de 60. Andrea Presedo, de la Redacción de La Voz en A Coruña, informó de que ambos sufren quemaduras de segundo y tercer grado en el 40 % de su cuerpo, sobre todo en brazos y espalda. Otras tres personas con quemaduras graves fueron derivadas a Povisa. El resto fueron trasladadas, con mejor pronóstico, a los hospitales de Montecelo (7), O Salnés (8), Provincial (1) y Miguel Domínguez (2). La mayoría presentaban quemaduras de diversa consideración, daños por inhalación de humo y contusiones. Al cierre de esta edición, ocho de ellas habían sido dadas de alta.

De apagar el fuego se ocuparon los bomberos de O Salnés. La embarcación ha quedado calcinada por completo y embarrancada en el entorno del campo de golf de A Toxa. Allí seguía trabajando un operativo de extinción y no se descartaba que fuese preciso poner en marcha medidas anticontaminación.

«Pensé que moríamos todos»

m. alfonso/ s. meijide

Las víctimas del naufragio relatan la angustia que vivieron y destacan la reacción de la tripulación y la ayuda de los vecinos

Si en algo coinciden los testimonios de los turistas que viajaban en el catamarán es en el gran papel desempeñado por los tripulantes de la embarcación. Actuaron rápido, con seguridad y no abandonaron el barco hasta que todos los pasajeros estaban fuera. Incluso saltaron con las personas mayores y con los niños que no sabían nadar. «Mi ángel estaba en ese barco, porque yo me iba a dejar ir. Fue un hombre de la tripulación que me dijo: ‘‘Señora, usted tiene que saltar y va a saltar conmigo’’, y así lo hice», relata María Dolores Pascual, una ourensana de 80 años. También se deshacen en palabras de agradecimiento con todo el personal que los atendió. «La gente que me sacó del agua y que me dio esta sudadera que evitó que me muriera de frío», cuenta una madre de Majadahonda que viajaba con su marido y con sus dos hijos.

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