«Atopamos un señor que non había
por onde collelo, estaba moi queimado»

Alfonso Padín rescató en su embarcación a nueve personas, entre ellas, los dos heridos más graves

«Ao señor máis queimado tiñamos medo de facerlle dano» Alfonso fue uno de los primeros marineros en prestar su ayuda a las víctimas del catamarán

O Grove / La Voz

A las cuatro de la tarde del martes, Alfonso Padín estaba en el muelle de O Grove, en su lancha, realizando tareas de mantenimiento. «Chamoume un compañeiro, dixo que estaba ardendo un barco e que se estaba tirando xente ao mar», cuenta ahora. Levantó la cabeza y vio la nube de humo, así que, como muchos otros grovenses, cogió su barco y se lanzó a echar una mano. En su embarcación llegaron a tierra los dos heridos más graves, el matrimonio que permanece ingresado en A Coruña. «Cando viñamos xa de volta vimos dúas persoas maiores pegadas ao barco e que este se lles viña enriba. A señora aínda a collemos ben. O señor non había por onde collelo, estaba moi queimado», cuenta.

«Diante miña ían un mundo de barcos. De pesca, de batea, catamaráns...», explica Alfonso. Otras muchas embarcaciones estaban ya en la zona, «lanzando chalecos, salvavidas e collendo a xente con cabos». Nada más llegar se encontró a una docena de personas encaramadas en una batea, y a otras muchas en el agua, agarradas a lo que podían. Subió, en primer lugar, «a un home atlético, que me axudou co resto». Porque, aunque su barco es pequeño, ayudar a la gente a acceder a él no era tarea sencilla. Sobre todo, «porque moitos estaban aterrados. Collín unha muller e deixeina nunha esquina da barca. Non paraba de preguntar polo seu fillo. Cando me din conta xa marchara nadando a buscalo», explica. Recuerda también a otra mujer, que estaba agarrada a una de las ruedas que los barcos de batea tienen en la borda. Estaba tan atemorizada que no había forma de convencerla de que se soltara.

Hubo un momento en el que su embarcación estaba completamente rodeada de gente que se aferraba a ella. Tenía siete náufragos a bordo cuando intentó emprender el camino a puerto. Fue entonces cuando divisaron al matrimonio mayor, que había caído por el otro lado del barco. A pesar del susto, de lo mal que se encontraban ambos por las heridas que presentaban, Alfonso recuerda el buen humor que mostraba el hombre. «Viña facendo bromas, tiña un humor...».

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por onde collelo, estaba moi queimado»