El matrimonio de Guadalajara que se llevó la peor parte en el incendio del catamarán continúa estable en la unidad de quemados

El resto de los heridos en el accidente de A Toxa ha sido de alta salvo tres pacientes, que permanecen ingresados en la clínica de Povisa en Vigo


O Grove / La Voz

Las dos personas que sufrieron las heridas más graves en el incendio que el martes calcinó un catamarán frente a la isla de A Toxa continúan ingresadas en la unidad de quemados del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña. El diagnóstico de este mediodía indica que permanecen estables dentro de su gravedad, con quemaduras de segundo y tercer grado en el 40 % de su superficie corporal, que se centran en brazos y espalda. Se trata de un matrimonio oriundo de Guadalajara, que pasaba en O Grove sus vacaciones: J. L. V. M., de 70 años, y R. L. LL., de 60. Ellos son, junto a otras tres personas que están en la clínica de Povisa en Vigo, los únicos de los 48 pasajeros de la embarcación que permanecen ingresados en centros hospitalarios. El resto han recibido ya sus correspondientes altas médicas.

Un paseo en catamarán por la ría de Arousa se convirtió ayer, coincidiendo con el quinto aniversario de la tragedia de Angrois, en un verdadero infierno para los 48 pasajeros, tres tripulantes y un acompañante que viajaban a bordo del Boremar, uno de los barcos turísticos que trabajan desde el puerto de O Grove. El catamarán se había detenido al lado de una batea en las inmediaciones de la isla de A Toxa y, en cuestión de segundos, se vio envuelto en llamas. La rápida intervención de la tripulación y el auxilio prestado por los barcos de pesca y de recreo que navegaban por la zona evitó la catástrofe. La gente se echó al mar y fue rescatada por marineros. Las causas del siniestro están pendientes de investigación, aunque las primeras hipótesis apuntan a que se produjo una explosión en el interior del barco, tal vez en la zona del motor, que originó el fuego. «Oímos como un disparo», explicaba uno de los turistas que tuvo que saltar al agua. Un matrimonio mayor, muy grave, fue trasladado en sendos helicóptero a la unidad de quemados del CHUAC de Coruña, y otras 36 personas, atendidas en diversos centros sanitarios de Pontevedra y O Salnés, tres de ellas graves.

Eran las cuatro de la tarde. Apenas habían transcurrido cinco minutos desde que el Boremar zarpó del puerto de O Grove. A bordo, 48 turistas dispuestos a disfrutar del día, ocho de ellos niños. En cuestión de segundos, su tranquilidad se tornó pánico. El fuego se apoderó de la embarcación. La tripulación concentró a los pasajeros en la proa, pero pronto se dieron cuenta de que la única escapatoria era saltar al mar. «Yo fui el primero en tirarme», cuenta un joven de Almería, que vio en el agua la única salida. Pronto otros muchos lo siguieron, animados por la tripulación, que ayudó a lanzarse a la gente mayor y a los niños pequeños, que tenían miedo. «Cuando saltaron los últimos, el techo del barco se desplomó», asegura un joven madrileño.

Las llamas se veían perfectamente desde el puerto, y el humo, desde buena parte de los municipios de la ría. «Estaba traballando no barco e, cando vin o lume, marchei a sacar xente da auga. Atopamos un mar de xente», cuenta un marinero grovense. «Dejé a los niños en tierra, me subí a un catamarán y nos marchamos a tratar de sacar a la gente del agua», relata una turista. En cuestión de segundos, alrededor del barco incendiado había un sinfín de embarcaciones tirando chalecos salvavidas y ayudando a la gente a subir a bordo. Fueron los ellos los que los trasladaron al puerto de O Grove, donde se montó el dispositivo de emergencias. Dos helicópteros, quince ambulancias, cincuenta agentes de Guardia Civil y Policía Local se ocuparon de atender a los heridos. Algunos de los operativos de emergencias ni siquiera estaban trabajando, pero se presentaron voluntariamente para echar una mano. La Policía Local y la Guardia Civil restringieron el tráfico en los accesos a la localidad y a buena parte del casco urbano. Todo, para garantizar el paso de los vehículos de emergencias. Mientras, las ambulancias del 061 se repartían entre el muelle de pasajeros y el de pescadores, donde las embarcaciones iban dejando a los heridos. Se habilitaron dos pistas de aterrizaje para los helicópteros de rescate y los medicalizados del 061 con base en Santiago y Ourense. Y todo el despliegue dispuso de la ayuda de los vecinos de O Grove, que de forma inmediata se presentaron en el lugar cargados con mantas, sábanas y prendas de ropa para que las víctimas cambiasen su ropa mojada.

«No sé nadar y casi me dejo ir»

M. Alfonso, S. Meijide
María Dolores Pascual, 80 años: «No me quería tirar al agua porque no sé nadar» María Dolores tiene quemaduras en un brazo pero a pesar de todo sonríe. Está aliviada porque toda su familia está a salvo. Ella se resistió a saltar al agua porque no sabe nadar pero al final un trabajador del catamarán la convenció

Las víctimas del naufragio subrayan la veloz reacción de la tripulación y la solidaridad de las gentes de O Grove

Si en algo coinciden los testimonios de los turistas que viajaban en el catamarán es en el gran papel desempeñado por los tripulantes de la embarcación. Actuaron rápido, con seguridad y no abandonaron el barco hasta que no hubo nadie a bordo. Incluso saltaron con las personas mayores y con los niños que no sabían nadar. «Mi ángel estaba en ese barco, porque yo me iba a dejar ir. Fue un hombre de la tripulación que me dijo: ‘‘Señora, usted tiene que saltar y va a saltar conmigo’’ y así lo hice», relata María Dolores Pascual, una ourensana de 80 años. También se deshacen en palabras de agradecimiento con todo el personal que los atendió. «La gente que me sacó del agua y que me regaló esta sudadera que evitó que me muriera de frío», cuenta una madre de Majadahonda que viajaba con su marido y con sus dos hijos.

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