Los camareros deberían cobrar en las Rías Baixas entre 1.427 y 1.685 euros

Los sindicatos alertan de la distancia que hay entre el nuevo convenio, firmado hace unos días, y la realidad del sector

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vilagarcía / la voz

Dicen de la hostelería que es un sector duro, inclemente, en el que las horas parecen eternizarse y los días libres escasean. Todo eso es cierto. Para intentar corregir todos esos desajustes, hace unos días se firmó el convenio provincial que regula las relaciones laborales en este sector. El documento, que aún no ha sido publicado, recoge una actualización de salarios que tendrá carácter retroactivo a uno de enero de este año, y también los derechos de quienes trabajan en este sector en concepto de descansos y días libres.

El último convenio provincial para el sector databa del año 2015. El que se acaba de firmar estará en vigor hasta el 2021. En él se fija un incremento salarial equivalente al IPC de los años 2016 y 2017, más veinte euros lineales en todas las categorías. En los próximos años, el salario se actualizará con el Índice de Precios al Consumo. La intención es que, cuanto antes, el salario base no sea menor a mil euros. Según ese mismo convenio, explicaba ayer el sindicato CIG, el salario base, sumado a pagas prorrateadas y pluses, de camareros y cocineros, podrán oscilar entre los 1.685 euros si trabajan en un hotel, y los 1.427 si lo hacen en un bar o cafetería. En restaurantes, la cantidad a percibir es de 1.478 euros. Es decir, las horas normales oscilan entre los 10 euros de las mejor pagadas, y los ocho, mientras que las extras varían entre los 17,50, 14 y 13,80, en función del tipo de establecimiento. En la categoría inferior, en la que caben auxiliares de cocina y de camarero, así como camareros de piso y personal de limpieza, los salarios son de 1.349 euros, debiendo pagarse la hora extra a 13 euros. En cuanto al horario, se establece este en 1.800 horas al año establecidas en jornadas que pueden ir de lunes a domingo, con turnos de ocho horas diarias y descanso de dos días consecutivos, o de siete horas y cuarto al día, con día y medio de descanso semanal. Entre jornada y jornada, además, deberá haber una pausa no menor de quince horas.

En el sindicato CIG, que ayer hizo público el contenido del convenio, son conscientes de que el panorama que se dibuja en este es idílico, y que «en canto saes aí fóra» la realidad, feroz, se impone. Aparecen jornadas maratonianas y salarios pírricos. «Nin a xornada nin os salarios se parecen a isto», explicaban ayer desde el sindicato, desde donde quisieron hacer «unha denuncia da situación» justo a las puertas del verano, cuando las contrataciones se disparan. «Os traballadores teñen os seus dereitos», dicen, y deben exigirlos. Y a Inspección de Traballo le corresponde velar por ello.

«En hostalaría as horas non contan»

Estudió en el Centro Superior de Hostalaría de Galicia, pero el grovense Marcos Otero ha acabado al frente de una pequeña empresa que se dedica a la producción y comercialización de miel, As Colmeas do Meco. Decidió dar el paso hace tiempo: era jefe de cocina en un hotel y, aunque había alcanzado un estatus que le permitía cierta estabilidad y unas condiciones razonables, «o grao de estrés xa era insoportable». Y es que en su camino se encontró de todo. «En hostalaría as horas non contan, e non é fácil conciliar o traballo coa vida familiar. Chegou un punto no que as colmeas permitíronme soster un salario, e decidín probar. Para volver, sempre teño tempo».

«Las condiciones han mejorado»

El responsable de turismo en la Mancomunidade do Salnés conoce bien el problema: tiene negocios de hostelería. A juicio de Pita, las condiciones que se están ofreciendo en la comarca desde las empresas de este ramo no son malas. «Cada vez más, el empresario es consciente de que todo el mundo tiene que trabajar unas horas determinadas y con unos derechos. Otra cosa es que en verano es muy difícil compaginar los días libres, porque la temporada sigue siendo muy corta», explica. En cualquier caso, considera que también se están dando pasos para conseguir alargar los meses de trabajo, lo que acabará redundando, dice, en beneficio de todos.

«Está O Grove cheo de anuncios»

No hace falta dar demasiadas vueltas para comprobar que la hostelería demanda mano de obra. «Calquera que se dea unha volta polo Grove verá que está cheo de carteis e de anuncios», dice la concejala de Turismo, Enma Torres. El problema es reciente, aunque no nuevo: hace ya dos años que los hosteleros se encuentran, verano tras verano, con que no es tan sencillo encontrar personal cualificado para atender sus negocios. «Outro tema son as condicións laborais que se lles ofreza. Pero a min paréceme normal que un rapaz que se formou para traballar no sector non queira ir facelo nunhas condicións precarias», razona la concejala meca.

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Los camareros deberían cobrar en las Rías Baixas entre 1.427 y 1.685 euros